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Malos aires


Son casos excepcionales, en el país, los municipios que miden la calidad del aire que respiran sus ciudadanos. Córdoba, por ejemplo, fue pionera en la década del noventa, merced a un convenio con la Facultad Regional de la Universidad Tecnológica Nacional (UNT). En 2001 dejó de hacerlo, pero el año pasado volvió a ocuparse de esta variable clave para la salud y el ambiente.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) -por si alguno todavía no está convencido de que la calidad del aire es un dato sanitario y ambiental clave para la vida humana-, la contaminación atmosférica es un factor de riesgo en cardiopatías, distintos tipos de cáncer y accidentes cerebrovasculares, además de agravar los cuadros respiratorios. A raíz de ello, la entidad estima que provoca varios millones de muertos cada año en todo el mundo.

Retomando el caso de Córdoba, entre 2014 y 2017 se conocieron distintas investigaciones científicas que coincidieron en un punto alarmante: la cantidad de material particulado presente en el aire que se respira en la capital de la provincia mediterránea supera al de Ciudad de México, que desde hace mucho tiempo es señalada como una de las áreas metropolitanas más contaminadas del continente.

Es verdad que se trata de una de las grandes urbes del país, de las más pobladas e industrializadas. No obstante, es probable que la calidad del aire esté comprometida en otras ciudades argentinas de menor envergadura, lo cual en la mayoría de los casos no puede darse por hecho por falta de mediciones fidedignas.

Por eso, las comunas importantes -capitales de provincia entre ellas- deberían estar en condiciones de enfrentar dos problemas graves emparentados: por un lado, la contaminación en sí misma, que demanda políticas de largo plazo para revertir la crítica situación; por otro lado, la falta de medición, ya que el Estado debe generar su propio índice para contar con una guía estadística a la hora de diseñar y evaluar sus políticas ambientales.

Hay universidades que colaboran activamente en el desarrollo e implementación de métodos de control eficientes de la calidad del aire. Han desarrollado aparatos que tienen capacidad para medir material particulado menor a 10 micrones (PM10), óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno, ozono y monóxido de carbono.

Es preciso avanzar en proyectos que contemplen la instalación de estos dispositivos en diferentes ciudades del país, hasta organizar una red. Con los datos que suministren los técnicos, las municipalidades comprendidas podrían elaborar un índice sencillo, a partir de una escala de seis niveles diferenciados por colores: dos marcan insalubridad, uno implica emergencia y otro directamente activa una alerta sanitaria.

Hay graves casos de polución urbana en la Argentina, por lo que hace falta, además de tomar conciencia de ello, comunicar a los vecinos qué medidas se están tomando, o pensando, en cada lugar para el escenario de contaminación más probable.

Lo peor, en estos casos, es ignorar lo que se busca combatir cuando se adoptan medidas atenuadoras, por ejemplo, la restricción del tránsito vehicular.



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