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“QATALAGUÁ”

Entramados de viento


Por Washington

Si se nos diera la tarea de desentrañar el antepasado humano, nos aventuraríamos a desmembrar cada lazo de nuestros ancestros a los que estamos íntimamente sujetos por historias.
Hebra por hebra, devanaríamos la trama de todos nuestros mayores, las historias que nos definieron, sus saberes, los recuerdos de nuestras mujeres que tejieron tramo a tramo todo cuanto somos.
Culturas milenarias de toda índole han sido hiladas a través del tiempo, donde la mujer ha tomado un lugar preponderante como su principal hacedora.
“Qatalaguá” es una puesta de la compañía de danzas “Imalaq” que se propone sondear en la cultura ancestral Pilagá, tomando como hilo conductor el uso del carandillo, una especie de fibra vegetal con que las mujeres de la comunidad elaboran la cestería o noonek3.
En diálogo con Cronopio, la profesora Florencia Leyes, al frente del elenco como directora y coreógrafa, brindó precisiones de cómo se gestó la obra y el gran trabajo que supuso su estreno en el mes de junio pasado. “La idea nace leyendo sobre la práctica de la comunidad Qom y del tejido con totora. En un principio, la obra iba a estar basada en el tejido de esta comunidad, que además de la cestería, realiza todo tipo de artesanías. A medida que seguía buscando bibliografía al respecto, me interioricé en la práctica de la comunidad Pilagá, que si conciben la cestería como actividad principal, utilizan el carandillo como materia prima, y en sus técnicas de tejido encontrábamos mucha más variedad y significado”, asegura.
Siete escenas componen esta puesta, donde los bailarines van deshilachando su cuerpo en los rituales y cada elemento simbólico tiene preeminencia en ese tejido que la mujer ha sabido heredar de generación en generación. Y es precisamente este entramado lo que le da significancia a cada pasaje, las prácticas ancestrales de este pueblo, las enseñanzas transmitidas a lo largo de los años, las ancianas, sabias y laboriosas, como gestoras de esta actividad y su correspondencia con la idea de la cestería como entramado de la vida: “Una vez hecha la investigación necesaria, lo primero que hubo que hacer fue definir las escenas. Cada escena correspondía a una etapa del proceso de confección de la cestería. Ya definido cuáles serían, continúa la selección musical, en donde debe haber una correspondencia desde los autores y el estilo. Y por último, la composición de la coreografía. La producción de una obra es un proceso larguísimo, lleno de pasos y pequeños pasos. Esta obra nos llevó aproximadamente un año de montaje y producción”, confiesa Florencia.
Con una enorme adhesión del público desde su estreno, “Qatalaguá” ha sabido obtener también el reconocimiento en el ámbito nacional: “Este año, hemos sido seleccionados para participar de los Premios Chúcaro, una ceremonia que se instituyó desde el año pasado, para premiar a los grupos de danza folklórica independiente de todo el país. Fuimos ternados entre importantes ballets de toda Argentina, en el rubro Mejor Coreografía y Mejor Musicalización, obteniendo ambos galardones en la premiación nacional. Actualmente somos un elenco de aproximadamente 15 bailarinas y bailarines, de entre 16 y 32 años. La mayoría se dedica a otras cosas, tienen sus carreras, trabajos, profesiones, pero dejan un lugarcito para hacer lo que les apasiona, que es bailar. Además, para esta obra contamos con la participación especial de Laura Duré como actriz invitada, para encarnar a la abuela, y de Aluhe Bauzá, bailarina invitada, para interpretar a la nieta”, refiere su directora.
La próxima cita es este 10 de diciembre, a las 20.30 horas, en el Teatro de la Ciudad. Florencia Leyes asegura que “la idea es poder seguir dando a conocer esta obra, que más personas puedan venir a verla y formar parte de lo que se está ha­ciendo en Formosa a nivel artístico. Es una de las últimas funciones que realizaremos, así que sería muy bueno que quienes no han podido asistir al estreno en junio, no se pierdan esta oportunidad”.


GÉNESIS

La sabiduría de la anciana inicia la trama, el carandillo se entrelaza en sus manos como quien gesta la historia con la fibra que traza la tradición de un pueblo milenario.
Las aprendices van en busca de esa materia, la recogen con devoción y ahínco; sus siluetas danzan en el viento y deshilan la música, que eleva sus acordes al aire.
Crepita el sol sobre sus cuerpos; danza imponente sobre el firmamento mientras reseca las ho­jas disueltas en el suelo. Ellas comienzan la trama, como quien va dando origen a la tierra, la lluvia que la moja, los ríos, el tiempo y los campos regados de rocío. Todo nacido de una madeja intermi­nable que nace de sus manos.
Entramados de viento, la simetría de nuestros cuerpos se deshila en el ovillo que recoge nuestra tierra, para ser polvo desfibrado con el devenir de los días. Y dejamos hebras sueltas que deben rei­niciar la trama de manera incesante.
La humanidad entera ha sido tejida de historias, mitos y tradiciones milenarias. Las mujeres Pilagá toman el carandillo o qatalaguá y forjan la urdim-bre de un pueblo que ha sabido resistir y pervivir a la colonización a través de los siglos. Ese mismo entramado al que echaron mano las mujeres hebreas huyendo de Egipto (Éxodo 35:25-26); las Moiras griegas, que hilan el destino sin detenerse; Penélope, que atrasa el tiempo deshaciendo el sudario cada noche a la espera de Ulises o la diosa maya Ixchel forjando los cuatro rumbos del universo.



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