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Palabras al Flaco Tula


Por Washington

La partida del escritor formoseño Luis Rubén Tula produjo un impacto muy grande en la comunidad formoseña, sobre todo en el ámbito de las letras y la docencia. Nacido en Curuzú Cuatiá, Corrientes, desde hace más de cuatro décadas se había radicado en Formosa, donde tuvo gran protagonismo por su labor docente y literaria, actividad que lo llevó a ser merecedor de numerosos reconocimientos. Recorrió muchas localidades de la provincia hasta que finalmente echó anclas en la capital, ciudad que lo tuvo como principal homenajeado hace unos años, en la IX Edición Provincial y VIII Internacional de Libro de Formosa, que llevó su nombre.

Su obra literaria reviste suma importancia en el campo de la narrativa, donde destacan “El ojo curado”, “Ahora todo es más sencillo”, “Extrañas y confusas claridades” y “Cuatro versiones sospechosas”, junto a los escritores Héctor Rey Leyes, Orlando Van Bredam y Humberto Hauff. En 2017 publicó “LiteraTula: recopilación de cuentos y narraciones”, edición enteramente artesanal y autogestionada.

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“Me dijeron que se fue Luis Tula. Así, sin avisar. Bueno, siempre fue algo imprevisible. Desde que nos conocimos, en la secundaria, allá en la lejana Paraná. Después yo ingresé en el profesorado y él se fue a probar Medicina, en Córdoba creo. Pero no le gustó (obvio…) regresó y también inició el profesorado. A pesar de estar en cursos distintos, nos reuníamos en los recreos para entretejer una charla interminable. La vida nos reencontró en el interior de Formosa: yo, en Pirané y él en Palo Santo, ya casados y con hijos. Entonces una vez íbamos nosotros para allá, y otra venían ellos para acá. Después se fue a Laguna Blanca, a la Agrotécnica, y yo a Formosa capital. Más tarde le tocó dirigir el Instituto en El Colorado, (ya era conocido y valorado) y nos volvimos a reencontrar en la Supervisión de Escuelas. Y ahí inauguramos nuestros jueves literarios, reuniones en la casa de cualquiera para hablar de nuestras incipientes producciones. ¡Cuántas páginas bebidas, cuántas copas recitadas! Allí estaban quienes luego serían las figuras inevitables de las letras formoseñas: las dos María del Carmen (Nucci y Cantero), Lucho Argañaraz, Van Bredam, Hauff. Y el Flaco Tula, claro. Y desde ahí desandamos este terco oficio de contar la realidad. Ahora me dicen que se fue. Quién sabe. Ya lo decía el poeta: ‘Jamás me pone triste una partida / pues no se va del todo quien ha cantado un día’. Así que tal vez nos encontremos en cualquier esquina. Hasta entonces, Flaco. Un abrazo”.

Héctor Rey Leyes

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Tula. La literatura joven

“Con la mano en la cintura podemos decir que las letras del Flaco Tula van como piña dentro de la Literatura joven. Por su contextura física, por su arquitectura dinámica, jugada y desafiante, por su colorido, porque su vitalidad nada como una piraña ágil en el río correntoso de la literatura en castellano. El estilo y la ejecutoria artística de su laburo tienen reflejos, se mueven y nos movilizan como toda artística compleja.
Tula escribe muy bien. Eso es importante decirlo así como suena. El olfato y la cintura de su oficio de escritor inquieto hace que sus lectores entremos como caballos en los terrenos que a él se le antojaron. Con cada lectura pisamos el palito cada dos por tres y eso nos encanta a quienes tuvimos la oportunidad de leerlo (se aplicará sin dudas a quienes están por leerlo). Tal vez por ese encantamiento intenso es que leer su obra es como salir con lo puesto a dar una vuelta a cualquier hora y tarde o temprano terminamos invitando a otros a esa gira vivificadora. Luis Rubén Tula dejó este plano hace unos días. Hasta el último momento no dejó de escribir ni de tramar la juventud de la que estaba hecho su trabajo. Esa estupenda habilidad de insuflar agite, aguante, frescura e inteligencia al lenguaje es lo que nos apura a destacar su juventud. Y así va a seguir mientras podamos leerlo y releerlo. Tula será siempre un maestro de la narrativa y de la poesía formoseña que existe en la Argentina, sin las ataduras ni el acorbatamiento del prestigio, sin el viejechotismo y la pereza de la consagración artística. Singular, atrevido y técnicamente impecable habiéndose metido con lo que se le cantó sin rendirle cuentas a nadie, por su enorme sensibilidad, aguda y ácida; por moverse sin permiso levantando la polvareda de los temas comunes, haciendo extraordinario lo cotidiano vamos a seguir buscando y compartiendo los textos del Flaco Tula; tan generoso, que nos convida el doble de lo mejor que esperamos de él.

Gracias, Maestro, por rompernos la pera, por confiar en los lectores y por quemarnos el bocho y el corazón”.

Jorge Manuel Aponte

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Don Tula

“No escapé a la postura petulante del que se inicia en la literatura y cree poder arrasar con lo establecido y los consagrados. Debo admitir que me sentí ridículo tras conocer personalmente a Tula. Me impactó su sencillez. Me deslumbró su claridad. La humidad del tipo que sabe y con una sonrisa te baja del pedestal.

Tantas cosas en la cabeza y el corazón. Seré breve.

Me costó decidirme pero finalmente fui a la casa a pedirle presente mi texto ‘El relato silenciado (Fortín Yunká)’. Tampoco tuve el valor de rogar un anticipo de lo que pensaba o iba a decir.

Recuerdo verlo sonreír al adivinar mi enojo en la presentación. Otra vez me faltaron agallas para enfrentarlo.

Entendí tiempo después que Tula comprendió mi texto mejor que yo pero también me conoció más profundamente como persona que necesita escribir para respirar y vivir.

Recuerdo también posteriores visitas, mates y charlas de esas que dan ganas de que las cosas no tengan fin.

No voy perder esta oportunidad de recordarlo con pequeñeces como la literatura.

Lo importante es que fui afortunado. Agradezco al universo el paso de estos tipos por nuestras vidas.

Don Tula es una gracia indescifrable de la existencia.

Para mí.

Para todos”.

Hugo Terán

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“Este año con los chicos de quinto del Pellegrini leímos ‘Charruino Ruiz’, de Luis Tula. Fue un inevitable encuentro de sensibilidades. Los chicos lo conocieron al Flaco y su particular manera de ver el mundo, a través de un cuento. Al fin y al cabo, la literatura también hace eso, te permite conocer a gente distinta, a pesar de las distancias, del tiempo, y sus mudanzas”.

Sandro Centurión



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