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Oportunidades que traen los cambios

Una columna de opinión de Tona Galvaliz


Muchas veces No sé qué no se (Incompetencia Inconsciente) o, Sé que no se (Incompetencia Consciente) o, No sé qué se (Competencia Inconsciente) o, sé que se (Competencia Consciente).

Tenemos más habilidades, capacidades y talentos de lo que creemos que somos capaces. Solamente utilizamos los recursos de lo que somos conscientes.

Muchas veces, lo que se nos presenta a primera vista como una desgracia o algo negativo, es una situación que esconde semillas de infinitas posibilidades para mejorar nuestra vida y la de otras personas. El optimista ve las soluciones en los problemas. Para crecer y avanzar es necesario salir de la zona conocida o de confort.

Un maestro sabio caminaba con su fiel discípulo, y a lo lejos divisa una casita muy venida a menos de apariencia extremadamente pobre; el lugar se mostraba seco, desolador, pedregoso y sin árboles.

El maestro le dice a su practicante: -“Iremos a descansar un rato allí”. Antes de llegar al lugar, explica al alumno la importancia de ver las oportunidades de aprendizaje que ofrecen estas experiencias visitando lugares y conocer todo tipo de personas.

Al llegar a la casa, el discípulo pudo comprobar la pobreza que reinaba en aquel lugar, parecía que en cualquier momento se vendría abajo la menesterosa casa; estando descalzos, vestidos con ropas sucias, andrajosas y deterioradas sus habitantes: una pareja con tres hijos.

El maestro se acercó al señor que parecía ser el padre de familia, y le pregunta: -“¿En este lugar no existen posibilidades de trabajo y comercio?, ¿Cómo hacen Ud. y su familia para sobrevivir aquí?”.Aquel hombre, calmadamente, respondió: -“Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche cada día; una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso y cuajada para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo”. El sabio agradeció la información, y antes de partir contempló en silencio el lugar por un momento, luego se despidió y se fue seguido por su estudiante

Cuando se estaban alejando de aquel lugar, se volvió hacia su seguidor y le ordenó: -“Ve, busca a la vaca, llévala hasta el precipicio que está en frente y empújala al barranco”. El muchacho estaba espantado de lo que le pedía su maestro, y en principio se negó: -“¿Cómo voy a hacer algo así?, ¡esa vaquita es el medio de subsistencia de toda esa familia!”.

Pero como el mutismo del maestro era absoluto, él, resignado, fue y obedeció la orden empujando a la vaca al vacío viéndola morir. Aquella escena quedo gravada en la memoria del joven por algunos años.

Un buen día, el aprendiz abrumado por la culpa y por lo que se vio obligado a hacer en contra de su voluntad, decidió abandonar al sabio; regresar a aquel humilde lugar para pedirles perdón y contarle todo lo sucedido a la familia, con el compromiso de ayudarlos en todo lo que pudiera para reparar el daño y resarcirles del perjuicio.

Así lo hizo, volvió a tomar aquel mismo camino y a medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy diferente; había arboles floridos, un bello jardín, una hermosa casa; se sintió triste y desesperado imaginando que aquella carenciada familia hubiese tenido que vender todo para sobrevivir debido a la pérdida de su vaca. Aceleró el paso, y al llegar fue recibido por un hombre bien vestido muy agradable. El preguntó por la familia que vivía allí hacia unos 4 años atrás; el señor respondió que seguían viviendo allí, y que se acordaba de él cuándo lo visitaron junto a su maestro. A duras penas reconoció al hombre que en su momento lo había recibido harapiento con su casa en ruinas; al entrar a la magnífica casa, pudo comprobar que se trataba de la misma familia.

El discípulo preguntó intrigado al señor: -¿Cómo hizo para mejorar y cambiar de vida?; el hombre, entusiasmado, respondió: -“No sé si Ud. se acuerda que nosotros teníamos una vaquita”. ¡Sí! Respondió el joven, y antes de que le diera tiempo a contar que fue él quien empujó a la vaca al precipicio, el Sr. continuó: -“Pues verá, el pobre animal cayó por el barranco y murió. A partir de ese momento nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas nuevas y desarrollar habilidades que antes desconocíamos tener; así alcanzamos el éxito y prosperidad que sus ojos vislumbran ahora”.

Y vos, ¿Cuál es tu vaca? ¡Confía, Suéltala! avanzarás, crecerás y desarrollarás todo lo que hay en ti, sacándolo a la luz.

Grandes cosas aparecerán en tu vida una vez que te hayas liberado de esa vaca de la comodidad, mediocridad, viejos paradigmas o modelos mentales, miedo, relaciones, etc.



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