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Sábado 04 de Abril de 2020

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Desmontes criminales


A pesar de la necedad de unos pocos jefes de Estado, la mayoría de los países muestra preocupación por el cambio climático. De persistir la tendencia actual, hacia 2040 el calentamiento global habrá superado el objetivo más estricto fijado oportunamente en el Acuerdo de París.

No es un vaticinio antojadizo. Es la conclusión más relevante del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que depende de la Organización de Naciones Unidas y que realiza informes periódicos sobre la grave problemática ambiental.

Hace un año, ratificó el consenso de la Conferencia de Bonn, de 2017, así como las conclusiones de un trabajo de enero de 2018. Lo dicho en esos documentos se complementa con una profusa cantidad de comentarios y novedosa información científica que circula alrededor del planeta.

Para quienes no lo recuerden, el histórico Acuerdo de París se estableció a fines de 2015 con el apoyo de unos 170 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas. Dos años más tarde, se sumaron otros treinta, para la Conferencia de Bonn.

Lo sustantivo de dicho Acuerdo es la conformidad en torno a un protocolo basado en una alarmante hipótesis científica: un aumento de dos grados centígrados en la temperatura media del planeta causaría un deterioro irreversible. De modo inconcebible, sin embargo, el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechaza dicha hipótesis, en defensa de una supuesta independencia energética.

No obstante la piedra en el zapato que representa la oposición de la primera potencia mundial, la comunidad internacional ratifica el rumbo, en estos días, en la Conferencia de Madrid, también conocida como COP25. Representantes de todo el mundo se reúnen con el fin de encontrar vías para reforzar el cumplimiento del Acuerdo de París.

Es que la mayor fuente de emisión de los gases de efecto invernadero es la energía generada sobre la base de combustibles fósiles. Para los científicos, la Tierra sólo puede tener un futuro si se reemplaza el uso del carbón y del petróleo por fuentes alternativas no contaminantes. “Si las emisiones continúan al ritmo actual, el calentamiento provocado por el hombre superará 1,5°C alrededor de 2040, y el impacto se manifestará de un modo directo sobre la economía”, alertan en referencia a fenómenos extremos como inundaciones o sequías, que perjudicarán a la agricultura y a la consiguiente producción de alimentos.

El tema no tiene muchas vueltas. Para evitar una catástrofe natural, es imperioso un cambio radical de la matriz energética: en los próximos 30 años, el mundo debiera reemplazar al menos dos tercios de la energía que hoy se produce con base en el carbón por fuentes renovables (energías eólica, solar e hídrica).

La otra propuesta es que todos los países asuman un fuerte compromiso a favor de la reforestación de grandes superficies. Una nueva y extensa cubierta vegetal y una fuente de energía no contaminante son los dos recursos que el planeta reclama con urgencia. Cada país debe hacer su aporte. Argentina no puede darse el lujo de ir a contramano tolerando pasivamente los desmontes criminales.



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