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Causa y efecto Keane

La banda británica se presentó el miércoles 27 de noviembre en el Jockey Club de Asunción, Paraguay, en un show donde Tom, Tim, Richard y Jesse restablecieron el contacto en vivo con su público, luego de su primera visita al país, en agosto de 2012


Por Washington

Foto: Jon Piedra

“Put the radio on, feel my heart banging like a gun, put the radio on... I feel your light surround me like a song”. Lo que parecía anunciarse en el regreso como una invitación a un universo puramente sensitivo acabó siendo una amalgama de profundas melodías y un lirismo que supo de qué manera conmover a las miles de almas que se congregaron en el Jockey Club de Asunción el pasado miércoles, donde se presentaba por segunda vez la agrupación británica Keane.

Su gira internacional los trajo a tierras latinoamericanas para presentar “Cause and Effect”, su último disco de estudio, que reúne las vivencias turbulentas de los últimos años de Tom Chaplin, Richard Hughes, Jesse Quin y, sobre todo, de Tim Rice-Oxley (principal compositor), desde su último impasse en 2013, luego de presentar “The Best of Keane”, trabajo recopilatorio que ponía fin a una etapa en la que se convirtieron en una de las bandas alternativas más innovadoras de los últimos años, con claras influencias de The Beatles, U2, Queen y The Smiths, según citan ellos mismos.

Los locales “Deliverans” prepararon el terreno para la presentación de los británicos, que abrieron su show con “Disconnected” como pincelada inicial de “Strangeland” (2012), cuyas piezas se completaron con “Silence by the night”, “You are young” (donde Tom se aventuró a poner a prueba el feedback con su público, que respondió de manera masiva como un eco incesante a sus juegos vocales) y “Sovereign light café”, que también fue la pieza que cerró una noche para la historia en uno de los espectáculos más emotivos de los últimos años.

De “Under the iron sea” (2006) fueron parte de la lista “Is it any wonder?”, esa aproximación a la mirada política de la guerra de Irak, las intimistas “Hamburg song”, “A bad dream” y “Nothing in my way”, además de “Crystal ball”, una introspección necesaria cuando ya no somos quienes solíamos ser y nos abate la incertidumbre.

“Perfect symmetry” (2009) revivió al público y lo llenó de estrépito con “Spiralling”, uno de los temas más animados de la noche, suerte de synth pop homenaje a David Bowie, a lo que le siguieron “The lovers are losing” y “Day will come”. Pero indudablemente el clímax lo marcó “Perfect symmetry”, con una impronta existencial y una lírica tan emocional que no dejó a uno solo indiferente, a lo que se sumó también “Bedshaped” ("Hopes and fears" - 2004), un clásico de la banda que retrotrajo a todos a los primeros años de este siglo en que con su disco debut proyectaron una carrera plagada de éxitos como “Bend and break”, “This is the last time”, “She has no time”, “Somewhere only we know” y “Everybody’s changing”, que resonaron en las fibras de todos los presentes recordando sus inicios.

Seis años hubo que pasar a la espera de un nuevo disco de Keane, tiempo que supuso un distanciamiento indefinido que sólo se vio interrumpido por su participación en la banda sonora del film “A monster call”, del director español Juan Antonio Bayona, “Tear up this town”. Este desmembramiento del grupo decantó en proyectos a nivel personal, en los que Tom Chaplin explora su faceta de compositor en “The wave” (2016) y en “Twelve tale of Christmas” (2017) reafirma su calidad de intérprete reversionando a artistas de la talla de The Pretenders y Joni Mitchel.

“Cause and Effect” llegó en septiembre de este año y es otra muestra clara de resiliencia, como también lo fue “Under the iron sea” (2006), una prueba cabal de cómo salir de las profundidades y un camino preciso hacia la aceptación de nuestras propias miserias para transmutarlas en belleza, las luchas internas con uno mismo, las adicciones que nos limitan, las relaciones humanas, la soledad y el hastío en la hora más oscura. “Phases”, “I’m not leaving”, “Stupid things”, “Love too much”, “The way I feel” y “Strange room” dieron la mejor prueba al público de que esas canciones llegan para quedarse en el imaginario de las personas que comparten las mismas vivencias y emociones que despiertan.

La versatilidad de Tom Chaplin y su impecable vocalización, junto a las composiciones de Tim Rice-Oxley, con una lírica cuidada y su recurrente uso de pedales de efectos y sintetizadores en el piano, un Richard Hughes en coros y batería con una técnica serena y precisa, además de la última incorporación de Jesse Quin en el bajo -que ya había trabajado con Rice-Oxley en su proyecto country “Mt. Desolation”- le valieron a Keane el reconocimiento de la crítica internacional y de miles de seguidores alrededor del mundo, permitiéndole mirarse en la otredad y empatizar desde lo emocional con su público, la causa y el efecto de sondear bajo el mar de hierro que cubre todas nuestras esperanzas y miedos, uniéndose en simetría perfecta para emerger en cualquier tierra extraña del universo.



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