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HABLEMOS DE IGUALDAD

Alquilar el vientre a cambio de trabajo formal

Una columna de Heliana Guirado



¿Cuán profundas son las heridas de una crisis económica? ¿Cuánto duele tomar decisiones en contra del deseo y sólo movidxs por la necesidad de obtener dinero o un trabajo? ¿Cuáles son las historias que no conocemos? En una sociedad donde las mujeres tienen menos participación en el mercado laboral que los varones y encaran mayores niveles de trabajo no registrado, una joven publica en un grupo de compra-venta de Facebook que alquila su vientre a cambio de un trabajo estable, con el que pueda cubrir sus principales gastos. La Mañana se puso en contacto con ella para conocer su historia en primera persona.

Cuenta que vive en Salta y es comunicadora social, pero está desempleada hace un año y ante la imposibilidad de sostener un hogar, volvió a vivir con su madre.

En el medio, tuvo que dejar de trabajar en un lugar donde pudo ejercer su profesión, pero le pagaban tres mil pesos que se iban casi por completo en los boletos del colectivo que debía tomarse para llegar al lugar.

También trabajó en una escuela secundaria pública, pero“de un momento a otro, no me renovaron la designación y quedé sin trabajo. A partir de ahí, me presenté a innumerables puestos y vi la precarización que hay, los trabajos en blanco son casi nulos, las condiciones son deplorables”, comienza contando.

La informalidad sobre cuotas alimentarias es un problema frecuente y Laura también lo padece: “Tengo un hijo de diez años y yo no estoy con su papa. Él colabora, a veces me da para las cosas del nene y muchas otras no”.

“Es lo que muchas mujeres pasamos, esto de estar pidiendo, prácticamente rogando, que nos den algo, que nos pasen, que no se olviden. A raíz de eso, recibimos malos tratos, dependemos completamente y pensamos: ‘No le voy a decir esto porque se va a enojar’”.

“No tengo nada y estoy en una situación desesperante”

En cuanto a la decisión de alquilar su vientre, Laura cuenta que pensó en esa idea porque “no tengo nada y estoy en una situación desesperante que me angustia y me pone mal, porque mi familia tampoco está bien económicamente y tengo la obligación de colaborar en la casa, tengo también la crianza de mi hijo y mis gastos personales”.

“Ni te cuento si quiero volver a vivir sola con él y tener independencia. Toda esa situación te perturba psicológicamente, te vuelve vulnerable”, cuenta.

“Veo a diario un montón de personas con trabajo estable, que muchas quizás lo consiguieron por contactos. Yo no conozco a nadie, así que dije: ‘Quizás lo publico y que me den a cambio un trabajo’”, explica.

“También había visto una nota en un diario sobre una mujer que vendía un riñón a cambio de que le cancelen una deuda que tenía. Entonces pensé: ‘Soy joven, estoy sana, puedo alquilar mi vientre’. Hay un montón de parejas, familias, que no pueden gestar”, relata Laura y afirma: “No es que no se me hayan ocurrido otras cosas, hasta pensé en emprender, pero la plata siempre es una traba”.

Haciendo un análisis personal y colectivo sobre la actualidad y el rol del Estado, explica: “Siempre sostuve que el Estado es la institución que debe proveer a los ciudadanos de bienestar social, tiene que darte las herramientas para que estés preparado en el campo laboral, tiene que haber ofertas de trabajo y pleno empleo. No creo que se haya estado cumpliendo en los últimos años, la situación fue cada vez peor”.

“La quita de subsidios a las tarifas también fue nefasta, se hace imposible llevar adelante un hogar y el Estado estuvo totalmente ausente, no solamente en mi caso, porque prácticamente todas las personas que conozco tienen problemas económicos”, asegura.

Laura dice que en su publicación pedía a cambio del alquiler de vientre “un trabajo estable, que me permita vivir. No quiero convertirme en gerenta ni presidenta, ni tener un sueldo de cien mil pesos, sino algo que mínimamente me permita llegar a fin de mes un poco tranquila. Saber que tengo para comprar yogurt, zapatillas, un remedio o ir al médico”.

“Se vuelve todo muy difícil y a las mujeres nos colocan en una situación de vulnerabilidad y dependencia económica muy fuerte”

Laura está mal, angustiada y su situación“es estresante, porque leo en las redes sociales que dicen que la gente no trabaja porque es vaga y en este momento somos muchos los que pasamos por esta situación. Estás todo el tiempo pensando en la búsqueda laboral, te presentás a un montón de convocatorias y no te llaman ni siquiera a una entrevista”.

“Se vuelve todo muy difícil y a las mujeres nos colocan en una situación de vulnerabilidad y dependencia económica muy fuerte (ya sea de los padres, de una pareja o un hermano) y terminás aguantando cualquier cosa porque en esa casa te dan un techo o te ayudan con tu hijo. Eso da lugar a la violencia y se vuelve todo muy difícil, sobre todo para nosotras que tenemos a cargo la crianza de los hijos”, finaliza.

Desde un esfuerzo inmenso por plantear y hacer entender a la sociedad que las mujeres son dueñas de sus cuerpos y por ende se les debe dar las libertades necesarias para que puedan actuar acorde a esa afirmación, cuando una de ellas relata que llega a una instancia en la que ofrece su vientre para ser alquilado, mientras afirma:“Si no estuviera pasando por una situación económica tan angustiante y difícil, no se me hubiese ocurrido nunca hacer eso”, no está tomando una decisión movida por el deseo, sino por la desesperación.

Cuando el sistema te oprime y no tenés salida, se vuelve (casi sin que te des cuenta) dueño de tu cuerpo y tus acciones. En el caso de Laura, poner el útero para conseguir derechos que deberían ser dados por el Estado, es violencia institucional.

Acaba de finalizar un mandato presidencial que deja saldos en rojo, miles de nuevos pobres y una lamentable realidad en lo que a la lucha por erradicar la violencia contra las mujeres se refiere.

En el medio, hay realidades que duelen, atormentan, porque se parecen mucho a aquellas sacadas de una película. Sin embargo son tan reales, que podemos encontrarlas incluso en un grupo de Facebook.



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