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STAMATEAS

La importancia de un “no”

Una columna de Bernardo Stamateas


¿Te gustaría disfrutar de una larga vida con óptima salud? Si tu respuesta es afirmativa, entonces necesitás aprender a decir que “no”. No a personas y a situaciones. Mucha gente dice que sí, cuando en el fondo desea decir que no. Por lo general, esto se debe a un profundo temor a ser rechazados y dejados de lado.

A continuación comparto una lista de cuatro de las cosas a las que haríamos bien en decirles que NO:

  • No a idealizar al otro

¿Qué significa idealizar? Colocar al otro en una posición superior. En palabras sencillas, sentirnos menos que el otro. Cuando tomamos esa actitud frente a alguien, nos volvemos vulnerables y un blanco perfecto de la gente maltratadora. Es bueno saber que conectamos con otra persona de igual a igual, sea cual sea su lugar (ya que todos tenemos fortalezas y debilidades). Pero quien se cree más que los demás actúa con soberbia; y quien se cree menos que los demás demuestra baja estima y corre el riesgo de ser lastimado. Como seres humanos, todos somos iguales y merecemos respeto y consideración.

  • No a reaccionar mal cuando nos hieren

Aunque no nos demos cuenta, algunos hablan o actúan con el fin deliberado de lastimar a otros y llevarlos a reaccionar mal. La psicología considera individuos tóxicos a aquellas personas que:

-Se ofenden fácilmente.

-Tiran una piedra (para dañar) y huyen.

-Triangulan (crean situaciones negativas entre tres personas).

-Exhiben rasgos psicópatas.

¿Querés ser de verdad libre? Te hagan lo que te hagan, no reacciones negativamente.

  • No a tener altas expectativas sobre el otro

No esperar nada de nadie lejos de ser una actitud negativa es una actitud que nos protege porque nos ayuda a no acabar frustrados frente a las acciones de la gente. Lo cierto es que todos podemos frustrar a alguien en algún momento, por lo que no deberíamos sorprendernos cuando alguien lo hace con nosotros. Nadie es perfecto.

  • No a compararnos

No es bueno compararse con los demás pero tampoco permitir que otros nos comparen. Todos, a nuestra manera, somos únicos e irrepetibles. Alguien que en la niñez ha sido comparado con sus propios hermanos o con otros chicos por sus padres, casi siempre, luego desarrolla problemas de baja autoestima. En lugar de compararnos deberíamos procurar nuestra mejor versión.

  • No a sentirnos una víctima

Cada ser humano sobre la faz de la tierra tiene el control absoluto de sus pensamientos y sus emociones. Aunque a veces creamos que “el otro me hizo enojar… el otro me hizo equivocar… el otro fue una mala influencia para mí”. Nadie nos obliga a pensar ni a sentir ni a actuar. Pero cuando le cedemos ese poder a otros nos transformamos en víctimas de la gente y de las circunstancias. No nacimos para ser víctimas sino victoriosos.

Digámosle “no” a todo lo que nos hace mal. Si no es posible mantener distancia de alguien, siempre podemos fijar límites claros. Pero quien suelta un no a tiempo camina libre de mochilas prestadas sin temor a ser rechazado.



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