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Las protestas por el precio del metro paralizan Santiago de Chile

Las manifestaciones, en las que ha habido enfrentamientos con la policía y destrozos, han obligado a cerrar todas las estaciones y han provocado la saturación del resto de transportes públicos


La red de subte de Santiago de Chile, uno de los mejores símbolos del país por su orden y buen funcionamiento, se ha convertido en el escenario de inéditas protestas por el aumento de costo del pasaje. Las entradas masivas de usuarios saltando los accesos sin pagar comenzaron la semana pasada, en paralelo al alza, pero a partir de este jueves las movilizaciones se agudizaron, junto con los hechos de violencia que han dejado destrozos valorados en al menos unos 700.000 dólares. Este viernes la capital chilena vive un colapso pocas veces visto: todas las líneas del metro han cerrado ante las protestas, por lo que miles de trabajadores caminan por las principales avenidas —Apoquindo, Providencia y la Alameda— en busca de transporte público para regresar a sus hogares. Las paradas de autobuses, repletos de gente, no dan abasto y no se encuentran taxis vacíos. Los coches generan atascos en las principales calles.

El presidente Sebastián Piñera encabeza una reunión de emergencia en La Moneda. Desde la inauguración del sistema de transporte público Transantiago en 2007 —actualmente rebautizado como Red Metropolitana de Movilidad— el precio del billete ha subido una veintena de ocasiones, pero la última de 800 a 830 pesos (1,13 a 1,17 dólares) ha desatado las protestas. El jueves, unas 40 personas fueron detenidas en distintos puntos del metro —que diariamente transporta a unos 2,6 millones de usuarios—, cuya infraestructura fue destruida en algunas estaciones, como registraron vídeos difundidos a través de las redes sociales. No se ha difundido la cantidad oficial de detenidos en esta jornada ni los destrozos provocados por las movilizaciones en las estaciones de prácticamente toda la ciudad.

Las protestas por el alza de precios en el subte reflejan un descontento profundo que —a diferencia del de 2011, protagonizado por los estudiantes con una clara agenda de cambios— resulta difícil de analizar. Según apuntan sociólogos como Eugenio Tironi, se observan elementos similares a la protesta de los chalecos amarillos en Francia: ciudadanos de clase media golpeados por el coste de la vida y dificultades para llegar a fin de mes, que hacen transgredir masivamente la norma y logran colapsar el sistema policial y legal. La analista política y académica de la Universidad de Santiago Lucía Dammert explica que la población de menos de 25 años se rebela frente a las injusticias porque está cansada de ver a sus padres y abuelos trabajando para sobrevivir.

Una protesta en el metro este viernes.



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