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Un incomodo detrás de escena

Mariana, Florencia, Jimena, Romina y Natalia cuentan lo que no dicen con sus cuerpos arriba del escenario, pero esperan que cambie detrás de ellos. Cuál es la realidad de los bailarines en Formosa y por qué exigen mejores condiciones cuando realizan presentaciones por las que no cobran


Por Yamile González

Hay bailarinas pidiendo dignidad. Traccionando cambios para modificar realidades. Hay bailarinas que más allá del lugar que merecen arriba del escenario, también exigen mejores condiciones de trabajo detrás de él. Hoy, un pago por su arte parece imposible o eso es lo que se alega desde las esferas organizativas; pero el respeto a su desempeño como artistas es irrenunciable. Hay bailarines que bailan con el cuerpo y también con el alma, con los ideales y con lo que consideran justo.

Todos los eventos de la provincia y el Municipio destacan el lugar dado a los artistas locales. Realmente, un acierto; qué mejor que reconocer y valorar lo propio y lo genuino. Sin embargo, últimamente muchas bailarinas comenzaron a pedir mejores condiciones y quizás también por algo que no hace falta pedir: respeto por su trabajo.

“Cada vez que nos invitan a bailar a un evento, los bailarines somos tratados como nada”, sostiene Mariana y cuenta que la organización prepara dos carpas para utilizar como camarín, la de los músicos con comodidades, sillones, mesa, bebida; además del pago por su participación. Del otro lado, los bailarines, en una carpa, todos juntos, apretados, con sus vestuarios carísimos en el piso, sin sillones, sin bebida, sin luz; y sin percibir pago.

¿Por qué acceden a brindar un espectáculo sin recibir paga alguna? Porque aun así creen que es un lugar donde pueden visibilizarse y mostrar su trabajo. “¿Por qué pido respeto? No nos dan el lugar que merecemos como artistas, no nos dan un buen lugar físico para esperar nuestro turno en el escenario, nos hacen ir a un horario que no se respeta, nos hacen esperar y esperar para bailar. En el momento que nos toca, sube un músico y tenemos que seguir esperando. No puede pasar más. Son lamentables las condiciones precarias en las que trabajamos cuando asistimos a estos eventos, no se valora el arte formoseño. Empecemos a replantearnos esto”, cierra una publicación que dio origen a esta nota y que adquirió gran notoriedad y fue compartida más de 200 veces por otros artistas que pedían lo mismo. Habían pasado por situaciones similares y se hacían eco, cansados de no ser reconocidos.

Están convencidos de que la situación se ampara en la costumbre. Sucede porque lo hacen desde siempre y lo siguen permitiendo. Los bailarines siempre fueron considerados el relleno de los eventos porque quieren y aman bailar. Y encuentran así la posibilidad de visibilizarse. Hasta ahora: hay que dejar de permitir esto, gritan, con voz y cuerpo. “Es muy difícil, más aun cuando trabajás con niños o adolescentes. Ellos quieren bailar y, si saben que los invitaron a un escenario donde todo Formosa los verá, no les importa: ¿Cómo les explicás todo lo que sucede detrás?”, reflexiona. Dice que también pasa con los chicos que comienzan a bailar hace poco tiempo. Tal vez a los que se consideran trabajadores de la danza, quienes se dedican a ello, esto les pesa más.

La diferencia con los músicos

Florencia coincide en que es una situación que no es nueva y que fue la razón por la que dejaron de participar en eventos durante un año. A comienzos de este año, convocaron a una reunión a varias compañías de danzas, un espacio para dejar sugerencias e inquietudes porque querían mejorar y dar un lugar a la danza. Creyeron que este año sería distinto, les prometieron que lo sería. Se equivocaron. “A partir de allí participamos en otros eventos donde no nos daban ni un vaso de agua, pero te ponían una carpa para que medianamente te cambies. A la vez, sabemos que para estas actuaciones hay presupuesto, porque a los músicos siempre se les paga”, cuenta.

Pero insiste en que no quiere plantear una batalla con el ambiente de la música: “Nos alegra que como artistas puedan ser valorados, pero nos ponemos en punto en comparación porque es al lugar al que querríamos llegar. Un músico no te toca un tema si no se le paga, nosotros directamente no pedimos. Se sabe que los bailarines no te van a cobrar porque les gusta bailar y son felices arriba del escenario”.

Sostiene que hay que plantarse y decir “no”. “Hay que educar a la gente que organiza este tipo de eventos. Desde arriba”.

“Nuestros instrumentos, nuestros cuerpos”

Jimena coincide en la diferencia que existe entre músicos y bailarines. También advierte que es una cuestión de costumbre e incluso aventura una posible causa: “Comúnmente es así, al menos acá en Formosa, se valora y se cuida mucho más el trabajo de los músicos que el de los bailarines. Y eso es raro porque no hay festival o evento donde no se necesiten bailarines; tal vez se lo considera un arte menor, porque no usamos otros instrumentos que no sean nuestros cuerpos”.

Se considera que el pago está dado por la posibilidad de mostrarse que tienen los bailarines. Jimena no coincide: “Justamente, voy a mostrar mi imagen y me voy a exponer. Desde mi lugar, trato de valorar y hacer valer ese trabajo y explico y trato… igual, es un bajón porque tenés que estar exponiéndote y explicando por qué vale tu trabajo”.

La transformación -persevera- estaría dada si se brindan mejores condiciones y mayor comodidad a los bailarines, puedan dejar sus ropas y cambiarse tranquilamente, y con un espacio para el precalentamiento. Si están hacinados no se puede, no se permite la concentración. Se degrada el trabajo del bailarín porque no se tienen que comprar guitarras o instrumentos carísimos o pinturas o pinceles. Para bailar necesitan un centramiento en ellos para expresar lo mejor de su arte y no lastimarse.

Romina también cuestiona la situación y cree que no se los respeta como bailarines: “Parece que no entienden que todo el trabajo que presentamos en el escenario es resultado de horas y horas de ensayo. Traemos profesores de otras provincias o locales para que nos preparen en las danzas específicas a presentar y eso no se valora, gastamos fortunas en vestuarios. En fin, no hay respeto”. Ella dice que lamentablemente continúa vigente la idea de que el ser bailarín es un pasatiempo, no se lo toma como la profesión que es, y también es la razón por la cual la mayoría no puede vivir de ello.

“Queremos acercar la danza a la gente”

Natalia no escapa a situaciones similares y recuerda que le habían prometido un escenario mucho más grande que terminó siendo más pequeño y por lo que debió dividir a un grupo de 30 nenas para que algunas bailen abajo y otras arriba. Sin contar que el escenario estaba alfombrado con grampas, algo sumamente peligroso.

“Creo que también es responsabilidad nuestra porque nunca reclamamos. Recién nos estamos dando cuenta de que es importante reclamar por las cosas que corresponden. Cuesta cambiar la mentalidad y decir: ‘Cobren por presentaciones’, ‘Pidan que el espacio sea acorde’, ‘Exijan respeto’”, enfatiza.

Finalmente, resalta que esta realidad es parte de un “mundo aparte”, que la situación en Chaco ya comienza a ser distinta.



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