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BONDI emprendió un viaje, celebró cumpleaños y cazó ideas al ritmo de una batería

“Bondi, Colectivo de Ideas” se encendió por séptima vez en el mismo Galpón que estrenamos hace dos meses porque las ganas de escuchar nuevas historias siguen intactas y porque también están las de contagiar a otros a hacer algo por los demás. En esta ocasión subieron Julieta Kesner, Aníbal Gómez Medina, Paola Aguiar, Edgardo Sian y Jonathan Rivero


Por Yamile González

Julieta y su lugar en los escenarios

Julieta encontró en la música su verdadera pasión y allí supo hacerse un lugar en un espacio antes sólo destinado para hombres. Tiene 25 años y hace 9 se dedica principalmente a la batería y la percusión. Los obstáculos que debió salvar para lograr su inclusión en el mundo musical por el simple hecho de ser mujer fueron muchos pero no suficientes para dejar de animar a mujeres artistas a no tener miedo a expresarse en los escenarios, también fabricados para ellas.

Nos pregunta de qué somos capaces por lo que realmente amamos y que nos guardemos la respuesta. Desde chica hizo danza y algunos deportes, pero su verdadero deseo era tocar la batería. No se animaba a decírselo a su familia, mucho más conservadora, hasta que lo hizo. Tocar la batería era lo que siempre quiso, hasta que en 2012 se queda embarazada; pero ello no le impidió seguir estudiando y a cada golpe de batería, el bebé también se movía en su panza.

Julieta siempre soñó con formar parte de una banda y sintió también que había un rechazo por ser mujer, pero nunca desistió. Pasó el tiempo y la invitaron a tocar en una banda de mujeres. Pero las peripecias no la abandonaron porque días antes de unas fechas, la cantante se bajó y las dejó. Cómo cumplían con el show. Probó cantar y tocar al mismo tiempo y le salió naturalmente. “Nenas Bien” hace rock de los 80 y los 90 y algunos temas propios. Cuenta que su historia se tiñe de fracasos que luego mutaron en fortalezas. Hubo festivales en los que les dijeron que no había presupuesto; sin embargo, otros artistas tenían un caché y a ellas les daban entradas sólo por ser mujeres. Esa situación les sirvió para plantarse y decidieron bajarse. Mejor tocar en igualdad de condiciones si no colaboraban en la falta de reconocimiento a su trabajo.

“A las mujeres artistas, que no tengan miedo a los rechazos, que los habrá, pero también es lo que permite crecer. Tienen el potencial, no se tiren abajo. Con práctica y mucho amor y perseverancia, se logra. Siento que triunfé en la vida, porque tengo todo: una familia, un hijo que me apoya, amigos... Tengo todo lo que siempre quise. Valoren a quien tienen al lado, especialmente en los fracasos. No tengan miedo de hacer lo que aman”, cierra.

Paola y su siembra, cosecha y libera

Paola es psicopedagoga y hace años lleva adelante “La Meca, evolución del aprendizaje”, un espacio autogestionado con innumerables proyectos que buscan ayudar a encontrar el lugar en el mundo que sintamos como propio, es decir, aquel que nos haga felices y nos encuentre con nosotros mismos. Entre ellos, la “Siembra de libros”, que va por decimoctava edición y es un ejemplo de la posibilidad de generar oportunidades para unos y otros y la creación desde el corazón: un intercambio creativo del que no sólo te llevás un libro. Se define como una soñadora y una cazadora de sueños y proyectos que siempre se ha interpelado sobre lo que la rodea, “muy para adentro, siempre armando o creando cosas”. Desarrolló su carrera profesional en el ámbito de la educación especial y el trabajo con discapacidad, lo que considera “lo mejor que le pudo pasar en la vida”.

Desde siempre concibió la posibilidad de “generar un espacio donde las personas puedan hacer algo”; y después de tanto transitar en una idea, en octubre llega al nombre del espacio: “La Meca: evolución del aprendizaje”, un espacio independiente donde intenta hacer psicopedagogía separada de cuestiones convencionales y con el desarrollo de actividades desde el disfrute y el placer que genera el hacer algo por uno mismo. No es un espacio físico sino más bien ideológico.

“Formosa siembra” desde el 2015 es uno de los proyectos de “La Meca” y se celebra cada vez que inicia una estación: se desarrolla en un espacio público: llevás un libro, lo dejás con una dedicatoria y lo intercambiás con otra persona: lo cosechás. “La siembra tiene un color distinto. Una identidad. Leemos un cuento. Hacemos títeres. Participan grupos de teatro independiente y músicos. Un espacio de encuentro para dejar de hacer lo cotidiano para un encuentro con el otro”, define.

Paola entregó barquitos de papel a cada uno de los que se subieron a esta parada. Porque la vida es un viaje que tiene que ver con lo real, la imaginación, el cuerpo, la familia, el dinero… Dentro de uno hay una fuerza que impulsa, hay que luchar por lo que se desea. El barco también tiene tempestades, pero la oportunidad es creer en lo que hace que el corazón lata más fuerte y la respiración cambie.

Aníbal y la posibilidad de cazar ideas

Aníbal tiene 35 años y es abogado de propiedad intelectual, por lo que se dedica a captar el valor de las ideas y preservar los derechos sobre los activos intangibles, gestionarlos estratégicamente y explotarlos económicamente a favor de sus propietarios. Para llegar a esta pasión dentro del derecho, primero recorrió otras áreas que si bien formaban parte de su profesión, no lo atraían completamente como la complejidad que implica cazar ideas.

Se define como emprendedor que tiene oficinas en la calle y le tocó estudiar durante una crisis del 2001 y 2002. Fue a Paraguay pero volvió a los 3 meses a su casa; su mamá, al mirar el bolso, lo echó de la casa y no le quedó otra que volver a Asunción. Ese fue el momento en el que hizo un click, que hoy agradece a su madre. Reconoce que muchas veces lo que hacen los padres y consideramos nos hace daño, quizás sólo busque lo mejor para nosotros. Regresó y se dijo que sólo volvería a su casa “siendo alguien”. Se recibió y comenzó a trabajar en un estudio jurídico, mientras simultáneamente estudiaba para hacer la reválida en Argentina. Cansado de un trabajo rutinario como abogado basado sólo en ejecuciones de bancos y financieras, se abocó a otras aristas dentro del derecho y encontró los desafíos de la propiedad intelectual. Hoy asesora a PyMEs para proteger los activos intangibles tanto en el Nordeste de la Argentina como en Asunción.

“No hubiera llegado a todo si no fuera por dos cuestiones: ir a estudiar allá, y la segunda y más importante, que mi mamá me haya echado de casa. Muchas veces renegamos de nuestros caminos pero con el tiempo nos damos cuenta del porqué del trayecto. Llegué a lo que me apasiona. No renieguen del camino”, concluye.

Edgardo y Jonathan y su pasión por celebrar la vida

Edgardo y Jonathan son dos de los cinco fundadores del grupo solidario “Celebra la vida”, un nombre nunca mejor elegido, porque se encargan de celebrarles los cumpleaños a niños de barrios carenciados en Formosa. Junto a un grupo de amigos, querían hacer “algo solidario” y comenzaron pensando que sería una iniciativa pequeña, pero ahora tienen casi 80 cumpleaños por mes porque descubrieron que había niños que nunca habían podido celebrarlos.

Ambos propusieron una puesta en escena para mostrar cómo nació “Celebra la vida”, donde un grupo de amigos en el medio de lo cansador que es la vida envuelta en las obligaciones particulares piensa que a veces se prefiere volver a ser chico, un tiempo donde la única preocupación que tenían era de qué iba a ser el cumpleaños. De ahí, desplazan ese escape al agobio personal hacia otros: Hay niños que no saben cuándo es su cumpleaños. Que nunca lo han festejado. Así, resaltaron la necesidad de mirar a las personas con otros ojos y crear recuerdos lindos a niños que no tienen la posibilidad de hacerlo.

Con los anteojos del corazón y una valija, que somos todos nosotros. Vienen en diferentes colores y tamaños. Algunas nuevas y otras más viejas por todos los viajes a los que fueron sometidos. Cada uno de nosotros nos vamos cargando en el viaje de todos los días. Llega un momento en que esa valija está al tope y decidimos nosotros qué es lo que queremos sacar para tener más espacio. En Celebra, ellos cargaron su valija con un mameluco, unas zapatillas, una remera colorida, unos anteojos, para ponerse en la piel de un personaje que lleva alegría al corazón de niños que quizás en su vida supieron lo que es festejar un cumpleaños. El disfraz va acompañado de la solidaridad y el amor. Una vez al mes, desde el año pasado festejan cumpleaños a niños de bajos recursos del barrio Pompeya y San Antonio. Comenzaron con 6 cumpleañeros, pero luego se sumaron muchos más: Hoy tienen más de 1000 cumpleañeros. Es la misma gente la que se contacta con ellos a través de sus redes sociales. “No hay barreras políticas ni religiosas, en Celebra la Vida sólo hay gente con un corazón enorme y ganas de servir al otro. Queremos dar a los niños un lindo recuerdo para que de adultos, en un momento difícil puedan inflar su corazón y seguir adelante. Hay que sacarse los anteojos de la vida y mirar al costado; al otro”, cierran.



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