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De Formosa a Wall Street: la historia de Juan Ignacio Recalde, ejemplo de sacrificio, superación y trabajo

El formoseño Juan Ignacio Recalde tiene 30 años y un futuro formidable. Vive en Nueva York, donde trabaja como analista de renta variable (Equity Research) para un banco de inversión americano. Habló con La Mañana y contó cómo hizo para llegar tan lejos, y, nada menos, que involucrado en el competitivo mundo de las finanzas, en pleno Wall Street.


“A los que se atreven le sonríe la fortuna”, escribió alguna vez el gran poeta romano Virgilio, en su colosal obra La Eneida. Y Juan Ignacio es uno de ellos. Su presente es sinónimo de progreso y desafíos, impensado para propios y extraños, que no salen de su asombro al ver como aquel niño que creció en el barrio Incone y luego se mudó con su familia al centro de nuestra ciudad, hoy es parte importante en el complejo engranaje del mundo de las finanzas en “La Gran Manzana”.

“Mi interés por las finanzas y los mercados financieros casi no existía hasta que tuve la oportunidad de hacer un intercambio durante la universidad, y creo que recién ahí nació mi vocación”, cuenta emocionado.

Incluso, cuando estudiaba en Rosario, su idea era recibirse en la universidad y volver lo más rápido posible a Formosa para vivir cerca de su familia y de sus amigos; algo que suele pasar a menudo con chicos que van a estudiar afuera. En el primer semestre de Facultad estuvo a punto de abandonar para volver a trabajar en la empresa de su padre, pero el empuje y acompañamiento que tuvieron “Chiche” y Claudia doblegaron el momento de debilidad de Juan Ignacio, que regresó a Rosario y siguió sus estudios.

La bisagra fue el intercambio que hizo en Estados Unidos. Conocer tierras americanas y ver el mundo desde el país del norte le cambió completamente la mentalidad y la forma de pensar. Allí tuvo la oportunidad de hacer un semestre en la University of North Florida, Jacksonville, Florida, y durante esa experiencia descubrió dos cosas: que la gente que vive en Estados Unidos no es más inteligente que el resto ni las clases más difíciles que en Argentina y que quería vivir en el extranjero. “El mundo me pareció muy grande e interesante como para permanecer en un solo lugar toda mi vida”, confiesa. Fue en ese intercambio cuando se despertó su interés por las finanzas.

Al salir de la universidad no tardó en encontrar trabajo desempeñándose como asesor de inversiones sobre determinadas acciones a inversores institucionales, como fondos de inversión, fondos de pensión o bancos, lo que se conoce como Equity Research. Generalmente, la mirada está puesta en una industria y en algunas empresas, pero actualmente está enfocado en bancos de Latinoamérica. Su trabajo es valuar las acciones de algunos bancos y en base a eso escribir reportes y recomendaciones sobre la compra de acciones.

Juan Ignacio desembarcó en Nueva York en enero de este año y fue con el único objetivo de comenzar a trabajar en Wall Street, un sueño que tenía desde que hizo su maestría en ese país, allá por el año 2016. El trabajo en esa gran urbe es duro. La jornada laboral tiene un mínimo de 12 horas que puede extenderse a 20, y no hay margen para el error, porque sus reportes son utilizados para la toma de grandes decisiones de inversión.

La vida laboral no es simple para alguien que va desde un país tan lejano como Argentina; la competencia es salvaje y siempre hay desventaja respecto a los americanos o la gente que tiene al inglés como lengua materna.

Afortunadamente, tuvo la oportunidad de trabajar en distintas partes del mundo cuando estuvo realizando la Maestría. Estuvo un mes en Vietnam elaborando un proyecto de consultoría para que una universidad y un fondo de inversión abran un instituto para formar emprendedores. También trabajó en China desarrollando una iniciativa de consultoría con Intel para analizar ideas de negocio para su tecnología de inteligencia artificial y drones; en Israel analizó y estructuró inversiones inmobiliarias en EEUU y Europa, y en su paso por Ruanda vivió en una zona rural buscando formas de incrementar los ingresos de un Hospital del lugar.

Juan Ignacio cuenta que cuando vivía en Formosa y después en Rosario nunca imaginó que iba tener un presente laboral en Nueva York. Si cuando estuvo en Buenos Aires trabajando para un Banco de Inversión que tenía su casa central en Nueva York. “Fue ahí cuando me puse este objetivo, sin embargo -admite- durante la Maestría descubrí lo difícil y competitivo que era encontrar una oportunidad acá, sobre todo siendo extranjero”.

Ventana: “El mundo me pareció muy grande e interesante como para permanecer en un solo lugar toda mi vida”

Cómo es un día en “La Gran Manzana”

Si bien esta época del año es menos intensa, existen meses en los que el trabajo es devastador, obligando a extender la jornada laboral durante la noche e, incluso, la madrugada. Cuenta Juan Ignacio que la vida en Nueva York es alucinante porque es una sociedad cosmopolita por donde se la mire, con una diversidad de culturas que enriquece y potencia a cualquier ser humano. “En un solo vagón del subte ves todo tipo de gente; al caminar por la calle siempre vas a escuchar mil idiomas distintos y a la hora de comer tenés opciones gastronómicas de cualquier parte del mundo”, destaca como puntos sobresalientes, aunque reniega del carácter que tiene esa sociedad.

“Es triste ver que Argentina no progresa”

Estancado y sin poder explotar su potencial es la forma en que Juan Ignacio definió el presente de nuestro país, con la claridad y la opinión calificada de un profesional que, justamente, tiene la misión de analizar las economías de los países de América Latina.

“Es muy triste ver como todos los demás países progresan y nosotros no. La mayoría de los otros países resolvieron la inflación hace 20 años y nosotros todavía seguimos con lo mismo”, lamenta.

Los neoyorquinos que interactúan con Juan Ignacio conocen la realidad de Argentina, pero son muy pesimistas respecto a la política y la economía del país. “Hay una mirada negativa de la administración Kirchner y, por lo tanto, tienen pocas expectativas sobre el posible mandato de Alberto Fernández”, confiesa. Al mismo tiempo, reconocen la belleza natural del país, la cultura, el fútbol y la buena comida, sobre todo el asado y el vino.

“Debo reconocer que extraño Formosa, mis amigos, la familia y la calidad de vida que tenía cuando estaba allá. Almorzar con mis viejos, ir a lo de mis abuelos, comer un asado o jugar al fútbol con mis amigos. Allá, la gente es rica en tiempo, afectos, relaciones personales; la gente tiene tiempo para juntarse y todo queda cerca. Acá nadie tiene tiempo y encima todo queda bien lejos. Así que es más difícil hacer relaciones”, describe.

El ejemplo de los abuelos

Con un dejo de nostalgia, habla de sus abuelos como su gran fuente de inspiración, un modelo y ejemplo a seguir. Y no para de elogiarlos, porque sin mucha educación formal ni grandes fortunas, lograron hacer que sus diez hijos sean universitarios. “Cada vez que estaba cansado o pensaba que algo era difícil o insorteable, me acordaba de lo que ellos hicieron y consiguieron, y enseguida eso me levantaba el ánimo para seguir para adelante”, recuerda.

A su abuelo Juan Milciades Recalde, que vino a Formosa de Paraguay cuando tenía 16 años, escapando de la guerra, lo evoca diciendo que le ayudó muchísimo a pensar en grande, y recuerda que en una fiesta en el año 2013 le dio un plazo de cinco años para mostrarle qué tan lejos podía llegar.

Con el mismo orgullo se refiere a su abuela Idelina Meza, hija de una chacrera de la Laguna Oca. Compañera inseparable de Juan, esta abnegada trabajadora fue pieza fundamental en el nacimiento y desarrollo de la tradicional Farmacia Recalde, única fuente de ingreso familiar.



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