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Romper el molde


Durante la primera etapa del kirchnerismo y en un tramo del menemismo, la macroeconomía argentina alcanzó a mostrar variables positivas. Sin embargo -aunque se dice que en la “década ganada” los sectores populares tuvieron alguna mejora-, buena parte de la población lejos estuvo de percibir un salto cualitativo en su estándar de vida.

Hace dos años, cuando el macrismo apostaba fuerte a un segundo mandato, que hoy se parece más a una utopía que a una posibilidad concreta, llegó a haber señales igualmente alentadoras a nivel macro. Analistas económicos llegaron a percibir en aquel momento decenas de indicadores positivos, contra unos pocos negativos. Se trataba de investigaciones que medían aspectos macro, oferta y producción y consumo de los hogares.

Entre los trabajos más serios de entonces, uno reveló que durante los primeros ocho meses de 2017 se había recuperado la caída experimentada el año anterior, un retroceso de 2,1 por ciento del producto interno bruto (PIB). Y los pronósticos hablaban de un “horizonte cercano” de crecimiento neto que llevaría a comparar la situación con la que se registraba a principios de 2015.

Lo interesante de aquellos pronósticos de coyuntura -desechos al poco tiempo por el estallido de una nueva crisis cambiaria, agravada luego de las PASO- es que consideraban que “el crecimiento constante de la economía y otras acciones permitirán una reducción paulatina, tanto de la pobreza como de la indigencia. Aun así -advertían los investigadores económicos- se necesitarían 15 años para limitar la falta de alimentos adecuados” a la población infantil más careciente.

Si tomamos en cuenta que este análisis fue realizado en 2017, en teoría la citada meta se alcanzaría hacia 2032. La pregunta es: después de la catástrofe económica de estos últimos dos años, ¿cuánto tiempo más hará falta para “limitar la falta de alimentos adecuados” a los cientos de miles de niños y niñas que hoy no los tienen? Interrogante al que podríamos sumarle este otro: ¿cuántos gobiernos deberán pasar para que los más chicos coman dignamente en todo el país?

Como se ha dicho, las transitorias bonanzas del último cuarto de siglo no pudieron romper el molde de la pobreza argentina. Por ende, si bien la expansión económica es clave para profundizar el desarrollo y mejorar el bienestar de la población, resulta insuficiente para corregir la pobreza estructural; y se vuelve definitivamente infructuosa si no es sostenida.

Para romper el molde que tanto nos avergüenza como Nación será imprescindible acometer aquellas obras que corrijan las condiciones de asentamiento e infraestructura, pero también impulsar una solución habitacional para las familias que se encuentran en la marginalidad.

Se necesitan, además, acciones urgentes para evitar el paso a la adultez sin la alimentación, el cuidado físico y la preparación intelectual adecuados. Esta condición genera luego graves desórdenes en el desarrollo humano.

Tarea ciclópea no sólo para el próximo gobierno, sino para las próximas décadas. De seguir como hasta ahora, la inestabilidad social estará siempre al acecho.



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