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Nolo Santa Cruz

El diario, en otros épocas...¿Te acordás, hermano?

“Mis saludos cordiales, y el deseo de que la empresa siga creciendo y manteniendo informado a su público con el empuje y el profesionalismo que lo ha caracterizado siempre”


Eran otros tiempos. Aún faltaban algunos años para que iniciara el actual Milenio, y aunque ya se avizoraba como tal, el mundo todavía no era la aldea global en que se ha convertido en la actualidad. El Diario transitaba su segunda década de actividad y la labor cotidiana distaba de ser en lo tecnológico lo que es hoy, pronto a cumplir sus cincuenta y ocho años. Recién iniciado en el periodismo formal (luego de una temporada como redactor de libretos para un periódico oral estudiantil que salía al aire una vez por semana por la señal de LRA 8 Radio Nacional Formosa), comencé a transitar el sendero profesional que continúo caminando hace ya cuarenta y dos años, con distintos matices y experiencias que enriquecieron mi vida personal y de relaciones, en todo sentido.

Vuelven a mi memoria nombres y rostros que formaban parte de la planta funcional de La Mañana en aquellos días de los ‘70. El director era Enrique Hermenegildo Read, un empresario oriundo de la vecina provincia de Salta, que vino para quedarse y erigir la empresa que hoy se ha constituido en la decana de la actividad.

Osvaldo Saraceni era el jefe de Redacción, secundado por Evelio Tadeo Ríos, como secretario. La sección Deportes estaba a cargo de Osvaldo Lezcano, y Arnaldo “Bucky” Lezcano, su hermano, colaboraba con él en dicha sección. Sociales era responsabilidad de María del Carmen Nucci, donde hacia las veces de pitonisa con sus Horóscopos, y se las ingeniaba con recetas y recomendaciones para el sector femenino.

Estaba también Justo Ladislao Urbieta (único poseedor de título profesional obtenido en una escuela oficial de periodismo), y el autor de estas líneas, que se incorporó al plantel luego de superar un examen de competencia que convocó a exactamente ciento cuatro postulantes, y que comenzó como cablero y titulero de la Redacción.

Luego vinieron otros que se agregaron al staff, de entre quienes recuerdo a Julio César Duarte, a quien el jefe de Redacción ubicó en un escritorio contiguo al mío, no sin antes recomendarme: “A ver si me lo sacás bueno a este, ¿eh?”. Todavía hoy me sigo preguntando si habré estado a la altura de tal recomendación.

En mi anecdotario figura el hecho de que en esa época, el diario no aparecía los días lunes, porque los domingos era jornada de descanso para el personal. El diario tenía un sistema de impresión llamado “en caliente” en la jerga de los conocedores, y consistía en la utilización de unas máquinas llamadas linotipos, con las que se confeccionaban los caracteres (letras, mayúsculas y minúsculas) empleando plomo derretido que luego era vertido en moldes con los referidos caracteres. Ya se imaginará el lector lo sacrificado que era el trabajo de los linotipistas que manejaban tales máquinas, especialmente en época de verano, con las temperaturas de esta zona, a las que se sumaban las que producían los hornillos que derretían el plomo. Aquello sí que era -propiamente- “sudar la gota gorda”.

En el tiempo que estuve en la empresa, hubo dos transiciones importantes. La primera fue que se incorporó el sistema Offset (paso previo a la posterior aparición de las computadoras) para la impresión del diario, que permitió dejar definitivamente atrás a las antiguas linotipos. La segunda fue el alejamiento de Ricardo Saraceni de la Jefatura de Redacción, por una larga enfermedad que finalmente produjo su fallecimiento, y fue reemplazado por Evelio Ríos. Debo agregar que el edificio del diario incorporó modificaciones significativas, y la Redacción fue ubicada en el primer piso del remodelado inmueble.

Avatares y circunstancias del devenir de la vida me alejaron de la Redacción de La Mañana no mucho tiempo después, por lo que concluyo aquí esta breve reseña de mi paso por este medio, donde conocí y me relacioné con personas cuya amistad mantengo aún hoy, luego de tantos años transcurridos.

Mis saludos cordiales, y el deseo de que la empresa siga creciendo y manteniendo informado a su público con el empuje y el profesionalismo que lo ha caracterizado siempre.



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