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Recupera tu niño interior

Una columna de Tona Galvaliz


Todos llevamos dentro el niño que fuimos en la infancia y que perdura por siempre.

Cuidarlo es de vital importancia para mantener una sana autoestima y buena vida emocional.

Llamamos niño interior a la imagen que tenemos de nosotros, en cuanto a sentimientos de valoración, reconocimiento, identificación de habilidades, capacidades y, por lo tanto, la satisfacción personal de ser quienes somos.

Nuestra historia está condicionada por esa autopercepción.

La imagen que tenemos de nosotros se forma en nuestros primeros años de vida, en base a lo que nuestros progenitores, familiares y seres queridos influyentes, etc. proyectaron sobre nosotros.

También por las vivencias y circunstancias que nos tocó vivir, el modo en que hemos sentido la vivencia, otorgándole un significado.

Cuando somos pequeñitos, nuestros referentes adultos nos hacen de espejo; nos vemos, reconocemos, entendemos y desciframos quiénes somos a través de ellos.

Cuando en la infancia los adultos nos dijeron:

¡No sé para qué naciste!

¡Eres un imbécil!

¡No es suficiente!

¡No servís para nada!

¡Qué bruto eres!

¡No lo vas a lograr, no lo intentes!

¡Eres fea/o, sos gordo/flaco!

¡Eres inútil!

¡No estás a la altura de las circunstancias!

¡Eres una molestia, un problema!

¡No eres nadie!

¡No mereces vivir!

Frente a todo eso, el niño jamás cuestiona lo que los adultos opinan de él.

Cree firmemente en esas afirmaciones, tomándolas como verdades incuestionables, y en base a eso construye su imagen.

Si en la infancia se recibieron más afirmaciones negativas que positivas, es posible que el niño crezca con carencias, tristezas, traumas, bloqueos, vacíos, heridas que causan mucho dolor, ocasionando una profunda huella en el alma, que quedará guardada en su subconsciente.

Y, muchas veces sin saberlo, las razones de su infelicidad y malestar actual tienen que ver con ese niño herido.

El niño que se hace adulto sin resolver los conflictos infantiles subconscientes sentirá la insatisfacción personal que arrastrará desde la infancia hasta la edad adulta.

Construyendo “complejos” y mecanismos de defensas rígidos que intentan compensar esas carencias. Y padeciendo por estos conflictos no resueltos, bloqueos emocionales, estrés, sufrimiento, dolor.

Arrastrando a la edad actual pérdidas, como ser: la hermosa ilusión de una infancia maravillosa, capacidad de juego, entretenimiento y diversión sana, la creatividad, la imaginación, la capacidad de asombro, la felicidad y principalmente la pérdida de su niño interior.

Hay una buena noticia: ¡no todo está perdido! Podemos recuperar nuestro niño interior y para ello es necesario recomponer una positiva autopercepción.

¿Cómo?

Restableciendo la imagen que tenemos de nosotros (self), reconstruyendo ese relato, la historia triste que nos contamos y que genera tanto sufrimiento, insatisfacción e infelicidad.

¿Cómo darnos cuenta de cuál es nuestra autopercepción?

Una manera simple de identificarse:

¿A través de lo que te contás? ¿Cómo te pensás y definís? ¿Qué opinas de vos?

Estas conversaciones internas o externas pueden ser:

- POSITIVAS, estimulantes.

- NEGATIVAS, desvalorizantes.

  • Cuadro comparativo:

CONVERSACION NEGATIVA

CONVERSACION POSITIVA

No merezco ser apreciado.

Soy merecedor de lo mejor.

No valgo nada.

Soy muy valioso.

Tengo vergüenza.

Merezco respeto.

No sé, no puedo.

Yo sé, yo puedo.

No puedo confiar en mí, no confían en mí.

Confío en mí y soy confiable.

No merezco ser amado.

Me amo.

Soy débil,impotente.

Soy fuerte, tengo opciones.

Merezco morir.

Elijo vivir, merezco una vida abundante.

Voy a fallar, soy un fracasado y perdedor.

Puedo lograrlo y obtener lo que quiero.

Debería haber hecho algo más, fue mi culpa.

Tengo permiso de cometer errores y aprendo de ellos.

Soy una decepción para los demás.

Me apruebo, me respeto, soy mi prioridad.

Tengo que ser perfecto.

Puedo ser yo mismo.

Soy bruto.

Soy inteligente.

Soy horrible.

Me gusto, soy hermoso.

No confío en nadie.

Escojo confiar.

Me rechazo.

Me reconozco y me acepto.

¡Recupera tu niño interior y celebra el Día del Niño!

- Mírate con nuevos ojos.

- Perdónate, perdona, haz las paces con tu historia.

- Date oportunidades de una vida mejor.

- Conversa contigo y trátate con amor.

- Descubre en tu interior tu valía, grandeza, sabiduría y poder.

- Sácalos afuera, brilla.

- Confía en ti.

- Date permiso para merecer lo mejor.

- Y asegúrate una vida feliz.



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