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Destellos de psicodelia litoral

En diálogo con Cronopio, el cineasta salteño Alejandro Gallo Bermúdez comentó acerca de los pormenores de su ópera prima y su acercamiento a “Los Síquicos Litoraleños”, la mirada disparatada de su estética y su posicionamiento lejos de la solemnidad que a veces se plantea desde las obras artísticas


Por Washington

“Encandilan luces: viaje psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños" es la ópera prima del director salteño Alejandro Gallo Bermúdez con la cual rinde homenaje a una banda con una propuesta sumamente experimental que desde la cuna del chamamé, Curuzú Cuatiá, Corrientes, expande todo su delirio y su creatividad en puestas muy por fuera de lo convencional.

Esta experimentación, dada por la mixtura de los sonidos autóctonos de su tierra natal con las más vastas disciplinas, es lo que fascinó en su momento a este cineasta, que decidió emprender una interminable peripecia con el grupo, registrando todo cuanto se diera a su paso, más por obra del azar que por la predeterminación de un guion documental.

Fuera de todo canon y norma preestablecida según los parámetros que traza el arte convencional, este trabajo propone una búsqueda y un viaje hacia lo inesperado e impredecible, de la mano de sucesos disparatados que se van dando con el correr de los minutos. Pero también es un cuadro de costumbres que toma como paradigma un pueblo del interior argentino y rural, desde donde emergen permanentemente nuevas expresiones artísticas, sumamente creativas, que suelen pasar desapercibidas ante la mirada de las grandes corporaciones mediáticas, resueltamente distraídas en productos un tanto más comerciales y a veces superfluos.

Nueve años le tomó a Gallo Bermúdez terminar este proyecto, en el que se recogen testimonios diversos sobre la banda por parte de la gente del pueblo, periodistas y otros músicos, y donde también toman parte hongos alucinógenos, ovnis, fragmentos de su viaje alocado a Europa y su mote de ser considerada “el Pink Floyd de los pobres”.

Su extrañeza y su inclasificable propuesta estética, de la mano de atuendos y sonidos exóticos, los convirtieron en una especie de mito viviente del Nordeste Argentino, mito del que todo el mundo habla pero del que se sabe cada vez menos a ciencia cierta.

Hilvanado caóticamente, en sintonía con su argumento, “Encandilan luces” roza permanentemente la comedia y el absurdo, como la suerte de esta banda, que llegó a emprender una gira por Holanda y Bélgica, países donde participaron de varios festivales y donde saben más de ellos que quizás nosotros mismos.

El documental se fragmenta en 8 capítulos, cada uno de los cuales aborda una temática diferente, y un epílogo que más que concluir la trama, parece dejarla más abierta. En él conviven nuestras raíces litoraleñas con la estética psicodélica, los elementos mitológicos, leyendas y la cultura under en interacción con personajes arquetípicos de los pueblos del interior de la Argentina.

Este film ocupa las carteleras formoseñas del 1 al 7 de agosto, por lo que su director nos invita a estar abiertos a cualquier experiencia, sin preconceptos rígidos para poder disfrutar de una propuesta lúdica y risible desde el primer minuto.

Encandilados por el viaje

¿Cómo surge la idea de llevar a cabo este rockumental?

“Este rockumental surge a partir del impacto que tuvieron en mí la primera vez que ‘Los Síquicos...’ tocan en Buenos Aires, allá por el 2005. Casualmente yo estaba ahí, porque soy de Salta, pero vivía en Buenos Aires. Y mi salida preferida siempre fue ir a ver bandas en vivo. Y un amigo me dijo: ‘Che, hay un festival al sur de Buenos Aires en una fábrica recuperada de Parque Patricios. ¡Vamos!’. Y le dije: ‘Bueno, dale, vamos’. Y la primera banda de ese festival fueron ‘Los Síquicos Litoraleños’. Y me quedé sumamente impactado por su música, por su impronta. Nunca había visto ni escuchado algo así. Desde el interior profundo y rural, traían un sonido nuevo, fresco, sincero… Y eso me llevó a querer hacer algo con ellos. Por supuesto, no sabía muy bien qué, pero… bueno. En su equipaje traían algún insecto del litoral que me picó y me contagió esa fiebre”.

¿Qué cautivaron de tu mirada de cineasta “Los Síquicos Litoraleños”?

“Después de esa fecha, yo perdí rastro completamente de ellos. Cada tanto los googleaba, sin suerte. Hasta que un día puse ‘Los Síquicos Litoraleños’ en YouTube y empecé a descubrir los videos que ellos hacían desde Curuzú y que lograban subir desde algún locutorio, de ellos tocando este chamamé psicodélico, tomando de improviso el espacio público de Curuzú, tocando no sólo ante la mirada de su pueblo sino también en espacios naturales, entre chanchos como audiencia. Y me pareció algo tan sincero y tan genuino... Ellos son muy performáticos para tocar, se disfrazan con lo que encuentran a mano, hacen máscaras con bidones de gasoil… Entonces me parecía como un universo tan visual, más allá de la música, por supuesto, que me dije allí: ‘Quiero hacer algo con ellos’. Y esos videos también tuvieron eco en los lugares más raros del planeta. Porque, por ejemplo, los vieron desde un Centro Cultural de Rotterdam y les dijeron: ‘Vengan para acá, les pagamos los pasajes’. Y la primera gira en la historia de ‘Los Síquicos Litoraleños’ fue por Holanda y Bélgica. Y yo me dije: ‘¡Uh, genial! No sólo a mí me parecen geniales sino que a otra gente también le parece que lo que hacen está increíble’. Entonces vendí mi auto, me compré un pasaje, una cámara y me fui a acompañarlos durante unos veinte días. Y ese fue el puntapié del documental, registrando toda la gira por Holanda y Bélgica”.

¿Por qué se los apodó como “el Pink Floyd de los pobres”?

“No sé exactamente de dónde surgió el apodo de ‘el Pink Floyd de los pobres’. Fue algo que se empezó a generar a través de sus videos en una periferia de YouTube, cuando YouTube valía la pena para descubrir cosas nuevas. Y fue como un apodo que les dieron ellos en su primer vinilo, Mark Gergis, miembro de ‘Sublime Frequencies’, que es un sello que edita música ‘rara’ de todo el planeta, escribe la contratapa del disco (‘Sonido Chipadélico’ se llama el vinilo) y los nombra como ‘el Pink Floyd de los pobres’. Pero es algo que ya se venía amasando en la periferia de la red”.

¿Qué lugar tienen la ficción y la realidad en este trabajo?

“Había algo que desde un comienzo estaba, sin siquiera yo haber prendido una cámara, que era una cuestión del misterio: ‘¿Quiénes son estos chicos que se disfrazan, que no se sabe exactamente cuántos integrantes son?’. Entonces, yo les mostraba estos videos que hacían ‘Los Síquicos...’ a amigos: ‘Che, mirá esto’. Y ellos me decían: ‘Uh, está buenísimo. ¿Pero son actores o son músicos?’. Entonces esa frontera difusa entre la ficción y lo documental estaba desde un comienzo, sin que yo haya prendido la cámara. Con lo cual tampoco quise reforzarla o acentuarla. Una de las ideas del documental es simplemente que el espectador de alguna forma dude de todo lo que vio, más que nada para que siga después su viaje, cuando termine la película, que los busque cuando llegue a la casa, que escuche su música, sus programas de radio, que vea sus videos… y también, si el Gauchito Gil quiere, que los vaya a ver en vivo cuando toquen, porque me parece que la película condensa en 80 minutos un universo posible. Pero hay un montón de cosas que han quedado afuera. Con lo cual la idea es que el espectador siga un poco ese viaje psicotrópico”.

¿A qué debe atenerse el espectador a la hora de ir a ver “Encandilan luces”?

“Yo no quería hacer una película muy hermética. Quería que tenga cierto nivel de experimentación, porque el objeto de estudio de este documental tiene ese nivel de experimentación. Pero no quería que sea una película sólo dirigida a un nicho de gente a la que le gusta la música experimental o la música ‘rara’. Sino que quería que sea una película abierta para aquel que quiera sentarse y verla con esas ganas de descubrir una música y un universo disparatado. No quería entonces hacer una película cerrada. Y creo que eso está logrado, porque la película plantea algunos temas universales con los que cualquiera puede sentirse identificado; reflexiona sobre el acto de crear, para quién crea uno: ¿para los demás o para uno mismo? Reflexiona sobre qué es la originalidad, cómo comulgan esta periferia y este mainstream en una película escala del litoral… También plantea los diferentes caminos del hacedor para desarrollar su potencial, sea panadero, músico o arquitecto: ¿seguir los caminos conocidos o ir por el no camino o camino incierto -que es de alguna forma, el que plantean ‘Los Síquicos…’-?”.

La idea del “viaje psicotrópico” nos sugiere un espacio también para el delirio o lo disparatado… ¿qué tanto es así?

“Lo del viaje psicotrópico es precisamente un poco disparatado hacia el litoral profundo, hacia esa sonoridad que seguramente a mucha gente en Formosa le va a resultar como muy familiar. Creo que a todos los argentinos nos resulta familiar. Pero también la gente se tiene que entregar a este viaje, porque va a escuchar una música increíble, va a ver unos personajes también increíbles, va a ver un pueblo muy lejos del tradicionalismo con el que se lo emparenta, que es Curuzú Cuatiá, su cuna, su ciudad natal, su pueblo natal. Es una película muy divertida, una comedia. Entonces yo creo que la gente va a ir al cine a pasarla bien, a divertirse”.



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