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EL FUTURO LLEGÓ HACE RATO

Un perfil sobre jóvenes protagonistas

Estudiantes de todo el país se organizaron y por segunda vez se reunieron en Formosa para debatir sobre la educación y sus derechos. Cronopio habló con un grupo de estudiantes sobre sus gustos, consumos e ideales. ¿Vos que hacías en el Secundario?


Por Daniela Carrizo

Tienen 16, 17 y 18 años. Se reunieron en Formosa en una jornada histórica. Algunos hicieron muchos kilómetros para encontrarse, otros pasaron días y no-ches sin dormir pensando en la organización, para esperar al resto y que nada falte. Para algunos, esta es la segunda vez que se ven, aunque la vivan y la sientan como la primera. Sienten. Los estudiantes sienten y así viven. Intensamente. Cuando hablan, cuando piensan y cuando se expresan. Cuando se juntan.

La juventud se re-apropió del espacio que alguna vez fue de ellos pero que en varios períodos de nuestra historia les fue negado. La juventud entendió su rol, su protagonismo en la escena social y política y ahora -de nuevo- lo busca y por eso pelea. La juventud -al menos esta juventud- habla de luchas, de causas, de motivos colectivos y de construcción. Habla de política. La piensan, la analizan, la entienden. “Una herramienta de transformación social”, la describen, “un motor”, “un pensamiento”, “un estilo de vida”.

Todo, para ellos y ellas, es político. Sus pasatiempos, sus consumos, sus enfoques, sus ideales, su lenguaje. ¿Qué hacen? ¿Qué quieren? ¿Qué piensan? ¿Qué tan diferentes son “los pibes y las pibas” -así se identifican- a la juventud de otros tiempos? Cronopio habló con adolescentes de varias provincias del país en el marco del Foro Federal de Estudiantes Secundarios que se realizó el jueves y el viernes último en la ciudad. Un ping pong con respuestas más que interesantes. Aquí, algunas:

EL TIEMPO

Gastón (Buenos Aires) va a un colegio técnico, mañana y tarde, y milita en el Centro de Estudiantes. Está entre los pasillos y el aula todo el día. Esta vida es repetida: la mayoría de los estudiantes que participan del Foro milita en una agrupación partidaria y en el Centro de Estudiantes o en un voluntariado, o milita causas desde movimientos más inorgánicos y así ocupan su tiempo.

Muy pocos hablaron de deportes, sólo Milagros (Rosario) juega al hockey, pero sí es evidente que los atraviesa el arte: Micaela (Formosa) baila folklore, Luisina (Mar del Plata) se amaña con la fotografía y Carolina (Ingeniero Juárez, Formosa) practica guitarra, pero ni una sueña con vivir de eso. Salvo Agustín (Varela, Buenos Aires), que ama hacer política pero, si pudiera elegir, viviría de la música.

Agustín Moyano (Buenos Aires).

Esta relación “hacer política” y no “vivir de la política” es una concepción que suena bastante: “En diez años me veo luchando por una mejor educación, desde cualquier punto en que me encuentre”, dijo Santiago, el vocero de la Unión Nacional de Centros de Estudiantes de Paraguay. Los espacios, para lo jóvenes, no son limitados. No hablan de una provincia ni de un lugar particular, hablan de “un país”, uno donde entren todos y todas, uno que se construya de forma federal.

“La clase política, de los políticos, nos subestima y nos deja de lado, siendo que somos un sector de la sociedad que necesita ser representado, y qué mejor que por nosotros”. Daniel y Agustín estaban hablando de esto cuando Cronopio se sentó con ellos. Miran el mundo desde el cuestionamiento y buscan nuevas formas de transitar los espacios y de entender los cuadros: justamente, fuera de los márgenes”.

LA MÚSICA

“Escucho de todo, pero lo que está de moda es el trap, El Duki”, dice Luján (Pirané). El trap y el reguetón son dos géneros que conviven con el rock de Charly, Fito y del Indio, entre el pop internacional y el folklore también. “Escucho rock nacional, sobre todo Callejeros. Y claro, reguetón también”, dice Daniel. “Siempre rock, el más clásico. Pero puedo escuchar un tema de Abel pintos; si es bueno, me va a gustar”. “Cerati”, tira de una Milagros, pero adelanta que “Shawn Mendes & Miley Cyrus” son para ella tan o igual de importantes.

Luján Ayelén Rodríguez (Pirané).

Los consumos son variados y transgeneracionales. El folklore habita sobre todo en las provincias del Norte, pero una chacarera no niega nadie. Porque si hay algo que los pibes y las pibas entienden y militan, es la diversidad. “Escucho mucho de todo, desde folklore hasta rock y hip hop: “Orellana Lucca, Intoxicados y Canserbero”, dice Gastón. La expresión “mucho de todo” no está sujeta a la música. Mucho de todo habla de esa intensidad adolescente con la que miran la vida. Agustín habla de la música, como el retrato de una sociedad, y en ese sentido -dice- el rock, que hasta hoy siguen escuchando, es un rock de rebeldía ante una cultura que se cuestionaba y que se cuestiona. Pero esas expresiones, esos retratos, ahora varían porque la sociedad está cambiando.

EL AMOR

Los atraviesa el amor, por lo que hacen, por lo que piensan, pero les cuesta definirlo desde un solo concepto. Nadie respondió que es un sentimiento. Al contrario, hablan de “búsqueda”, de “experimentos”, de “eso que si le ponés a las cosas, sale”. Miran los procesos más que los rótulos. “El amor es algo lindo que podés experimentar”, “es una atracción por alguien y es un acto”, piensan. Micaela dice que “el amor es todo lo que está bien y que si hay amor, se puede”. “Es compartir con otro o con otra, de cualquier forma y siempre y cuando uno quiera”. Estos jóvenes le dicen chau al mito del amor romántico y le dan la bienvenida al compañerismo sano con -insiste Milagros- “responsabilidad afectiva”. “Es amistad, también. Ya no pensamos que la relación es lo sexual, ya no es tan así. Hablamos de acompañarnos”, resume Agustín.

LAS REDES

Hace bastante tiempo se viene diciendo que los y las adolescentes se fueron del Facebook cuando llegaron sus padres y luego sus abuelos. Lo confirmaron. Usan Instagram y WhatsApp, sobre todo. Algunos sumaron Twitter en tercer lugar. Sólo una persona dijo que probó Snapchat. Nadie mencionó otros del tipo Tinder, quizá por vergüenza o porque no lo tienen tan en cuenta.

El futuro llegó hace rato

Ellos y ellas saben que no son la generación del futuro porque su tiempo es hoy, hoy son parte del presente que construye el futuro, para otros y otras. Por eso, tal vez, les cuesta mirarse de acá a diez años. Incluso, como dijo Luisina, les asusta pensarlo. Coinciden en algo: “Seguir en la política”, “haciendo política”, “trabajando en lo social” porque así vienen, por ese lado, sus deseos. “Mis sueño es que podamos tener educación y una salud de calidad”, dijo Santiago, el estudiante paraguayo que mira mejor la situación de Argentina. Daniel quiere ser abogado y Gastón está pensando. Cuenta que le gusta la física pero también lo social y aún no sabe cómo fusionarlo.

“Idiomas”, resume Carolina. Quiere estudiar y viajar. Fue la única que no parece apuntar a una banca legislativa o a un protagonismo activo en los espacios políticos. Sin embargo, su respuesta coincidió en algo con el resto: “Quiero ser independiente”. La independencia económica es una de las variables que más mencionaron, pero siempre después de lo “obvio”: “En diez años me veo feliz”.



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