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Abel Pintos cambió el look, pero su filosofía es la misma: "Trabajo para que mi vida..."


Comenzó su exitosa carrera a los 13 años y su debut fue inmejorable. Corría el verano de 1994 cuando se presentó en el Festival de Cosquín, cuna de grandes artistas, y deslumbró con su voz. Inmediatamente editó Para cantar he nacido, su primer trabajo discográfico. Desde entonces a esta parte, Abel Pintos (35) conquistó los escenarios más emblemáticos del país y hasta del exterior.

Respetado por sus colegas y ese público fiel que lo sigue a sol y a sombra, logró posicionarse como el número uno de la música. Es un artista como pocos, y se mueve, en el ámbito privado, también como pocos de su especie. Más allá de estar en la cúspide, de mirar a todos desde arriba y de que sus canciones suenen en fiestas, radios y se posicione en los puestos más altos de los rankings, camina con los pies sobre la tierra. Un cantante de otro planeta que se mueve como uno más.

Abel, como cualquier vecino, sale a hacer las compras para su casa; en distancias cortas le gusta moverse caminando, sin ningún atuendo para camuflarse. Al contrario, le gusta sentir el cariño de la gente e intercambiar palabras. Sus vecinos hablan de esos gestos amenos de este muchacho que supo no pararse en la nube del éxito. Destacan de él que a sus recitales va en el micro con sus músicos, cuando lo podría hacer en avión. Incluso a las ciudades que va a cantar, prefiere salir a recorrer y no quedarse en el hotel.

En su vida cotidiana, en los momentos que está lejos de la música le gusta leer y hacer yoga. “Respeto todo lo que me constituye, pero es cierto que trabajo para que todo esté en armonía. No me gusta que el ego esté exacerbado, ni que esté la humildad. Trato de estar lo más atento posible a mis sensaciones”, le contó a Teleshow. Hace casi un mes –el 11 de mayo– festejó su cumpleaños y se mostró renovado en cuanto a su look. Si bien no suele someterse a grandes transformaciones, decidió raparse la cabeza, afeitarse la barba y dejarse el bigote.

Puertas adentro. De su vida privada habla poco y nada. Se lo relacionó hasta con Griselda Siciliani hace un año, pero si es que existió algo se lo guardaron muy bien. Cuando intentan meterse en ese costado logran cambiarle el humor. Dice entender las reglas del juego, pero no le gustan.

“Cuando un artista cuenta porque sí con quién estuvo la noche anterior, se crea cierta curiosidad. Es como ir de invitado a una casa, estar en el comedor y querer saber cómo es el cuarto o el baño. A mí y a mi público nos interesan las mismas cosas: la música y nada más”.Luego de tomarse unos días en mayo y alejarse de la gira La familia pisa fuerte, luego de la presentación en Chile, el Flaco aprovechó ese tiempo para visitar a familiares y amigos. Tras ese receso, volvió a normalidad, con sus giras y presentaciones.


Fuente: www.paparazzi.com.ar

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