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08/06 - 19:06
Hablemos de Síndrome de Down
Todos los niños necesitan jugar. No sólo porque lo pasan bien (lo cual ya sería suficiente), sino porque es imprescindible para un buen desarrollo de su personalidad. Aprenden a conocerse y a conocer lo que les rodea. Aprenden a manejar su cuerpo y a usar materiales diversos para alcanzar unos objetivos.

APRENDER A JUGAR

La mayoría de los niños tienen la capacidad para aprender a jugar por sí mismos. Los niños con Síndrome de Down suelen carecer de iniciativa propia y por lo tanto necesitan ser ayudados desde que nacen. Dadas sus condiciones físicas y psíquicas tienen dificultades para aprender a jugar. El tiempo, esfuerzo y entusiasmo que debe dedicárseles, se verán compensados cuando se descubre que, poco a poco, van siendo capaces de desplegar actividades propias con iniciativa y creatividad.

SIN JUGUETES

Para empezar, muchos juegos deben realizarse sin juguetes. Es el adulto u otro niño quien pone su persona, su cara, sus movimientos, sus canciones, su capacidad de representación o simbolización.

De este modo, el bebé juega con la cara de su madre: la mira, la observa, la explora con sus manos. A partir de los seis meses disfruta con las canciones y rimas. El niño con Síndrome de Down necesita de un modo especial estos juegos y aprenderá a hacer los gestos adecuados, incluso anticipándose al texto. Más tarde, será capaz de escuchar cuentos mirando imágenes; y por último, podrá representar él mismo algún personaje o animal y participará en acti­vidades de simbolización.

Además de estos juegos que deben realizarse a lo largo de toda la infancia, hay otros en los que es preciso utilizar juguetes. 

También será necesario que el adulto guíe al niño con Síndrome de Down y le enseñe y facilite el uso y disfrute del material que se le ofrece.

¿QUE JUGUETES?

Los juguetes deben reunir unas condiciones mínimas para cumplir eficazmente el doble objetivo de divertir y enseñar. Estas condiciones son la seguridad y la adecuación a la edad de desarrollo del niño.

La seguridad implica que no haya riesgos de daño. Por ejemplo, que no puedan descomponerse en piezas pequeñas que el niño pueda tragar, o romperse en trozos afilados que pinchen -o corten-, o que estén pintados con pinturas tóxicas que contengan plomo y el niño puede chupar...
En cuanto a la adecuación al desarrollo del niño, hay que tener en cuenta su capacidad física y psíquica y elegir aquello que más pueda atraer su atención y estimular su actividad exploratoria y creativa. Todos los niños pasan por unas etapas y en cada momento son más adecuados unos juguetes que otros. 

Los niños con Síndrome de Down también pasan por esas etapas, aunque con algunas dificultades y demoras. Por este motivo es preciso que dispongan de material más abundante y mejor seleccionado que otros niños.
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