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La disputa de los cuerpos: entre la libertad y la opresión

Por: Daniela Carrizo



Sentadas en ronda una tarde en la plaza, unas cuatro bailarinas se piensan en sus prácticas, en los tabúes que encierra la danza, en las naturalizaciones de la violencia, en los patrones que aprenden y educan, en los mandatos culturales artísticos; y piensan, también, cómo romperlos, cómo hacer para enseñar la danza como una liberación del cuerpo, cómo evitar el maltrato del cuerpo de sus alumnos y alumnas, sin dejar la exigencia y la disciplina. Jimena, Mariana, Mirtha y Sonia pensaban hacer una coreografía y unirse a una campaña nacional de bailarines y bailarinas que consistía en filmar una improvisación para decir: #MiráCómoNosPonemos. Pero primero, entendieron: "Hay que hablar de esto".

"La danza es una disciplina artística y, como toda disciplina, requiere perseverancia, práctica continua y asimilación de las distintas técnicas. La diferencia entre la danza y otras artes es que en ella, la herramienta de trabajo es el cuerpo en sí mismo, y es acá justamente donde aparecen muchas veces los problemas: las cuestiones del cuerpo son tabúes. Cuando se trabaja el cuerpo, aparecen los prejuicios, las diferencias, las discriminaciones, entre otras cosas", dice Jimena, que es bailarina y profesora de danza contemporánea.

La gordura

A las bailarinas -sobre todo en el clásico- les enseñan que  ser gorda es un defecto y que la delgadez es sinónimo de clase, de delicadeza. Les enseñan que existen características físicas "correctas" e "incorrectas", pero a la vez les inculcan que con esfuerzo y disciplina, esa idea de "perfección" es posible. Estas "reglas" se transmiten directa o indirectamente  en la danza históricamente y, mediante patrones o estereotipos de "lo bello", pasan al orden de lo fáctico. 

Esas exigencias generan consecuencias en la salud, tanto a nivel psicológico como físico: la danza -como el modelaje- es un lugar común de la anorexia y otros trastornos de alimentación. Pero la representación de lo bello incluye también otros requisitos.

Corrección violenta

"En algunos ballets de técnica clásica, las bailarinas y los bailarines son evaluadas y evaluados físicamente según el tono de la piel y el diámetro de diferentes partes del cuerpo, para ser aceptados o no, en la Compañía", comentarán para ejemplificar con constantes de cualquier academia, en cualquier género de la danza.

"Recuerdo una maestra de Corrientes que no nos dejaba tomar sol, porque no quería que estemos bronceadas. Mientras más pálida y flaca, mejor", cuenta Mariana. Hoy se ríe, pero lo cierto es que en ese entonces, no parecía algo gracioso: era necesario, era una orden. "En las clases o en los ensayos, muchos docentes apelan al maltrato verbal refiriéndose a los y las estudiantes con apodos o figuras peyorativas, generando burlas en relación a los movimientos y poniendo en evidencia el error de una, frente a sus compañeras", explican.

A esto se suma la "corrección violenta" en los errores de técnica, remitiendo a las tantas veces que sus maestras las golpearon o apuntaron fuertemente en la zona física del error, y que en muchos casos, les generaron dolores en el cuerpo y, eventualmente, lesiones.

¿Cómo se justifica?: "Es la única manera de formar buenas bailarinas"; "es un buen docente porque es exigente y riguroso, lo hace porque quiere que salgas bueno en lo que haces"; "lo hace para comprobar si vas a ser capaz de aguantar la rigurosidad de la disciplina y los malos tratos que requieren perseverar en la carrera de bailarín profesional"; "te dice que comas menos para que te veas bien con tu traje y en el escenario". Estos son algunos de los mitos que -explican- sostienen este tipo de prácticas violentas.

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Foto: Carma


Reconocerlo 
para cambiarlo

No es que la danza sea el peor lugar para habitar: la danza es una disciplina hermosa que transmite hábitos de cuidado, de higiene, buenos valores, pero principalmente- satisfacción. La persona que ama bailar transmite ese amor al que lo mira, y el arte es disfrutado por quien lo hace y quien lo consume; y eso no tiene precio. Pero hay que decirlo: la danza, como tantos ámbitos del arte, y de toda la sociedad, no escapa de la violencia que es tanto simbólica -violencia indirecta, sujeta a la dominación silenciosa que tiene como canal el nivel de los significados- como física. 

"Lo peligroso de este tipo de prácticas es que durante años fueron -y siguen siendo- naturalizadas en el ambiente de la danza y los profesionales que hicieron toda su carrera bajo este tipo de metodología de enseñanza, hoy lo reproducen con sus estudiantes", reflexiona Jimena, pero destaca:
"Muchos docentes que hemos transitado la carrera bajo estas modalidades hoy podemos reconocerlas y revisar constantemente nuestra práctica para brindar a los y las estudiantes una danza más humana". 

Las seis hablaron de patrones que se repiten y que atraviesan los estilos, pero también observaron los límites entre cada uno. "La danza contemporánea no tiene género. La mujer puede ser ruda, delicada, puede levantar a un hombre. La danza contemporánea está libre de estereotipos", dice Mirtha, comparándola con la danza clásica, que está tan ligada al pensamiento binario como a la idea que asimila la perfección a lo homogéneo. 

Espejos

Mirtha también habla de los espejos en el salón y su efecto alterno de alimentar el ego, y comenta que por cuestiones edilicias, desde su espacio, tuvieron que improvisar las clases en un salón sin espejos: "Aprendimos mucho de eso. El estudiante está más consciente de su cuerpo, de sus movimientos". 

El cuerpo desde el cuerpo y no la imagen del cuerpo desde el espejo, es una metáfora de la danza como sentimiento de liberación, frente a la idea de libertad que esconde detrás un camino de exigente opresión.

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