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"Cecilia y el Sr. Vinilo", a ? RPM

La banda liderada por la artista formoseña Cecilia "Chechu" Giménez acaba de lanzar "Tiempo de ver", su disco debut. La cantante y guitarrista habló con Cronopio acerca de este trabajo discográfico y los pormenores de su carrera musical



"Mírame, estoy tan indefenso como un gatito en un árbol; y siento que me estoy aferrando a una nube. No lo puedo entender. Me siento tan abrumado, sólo sosteniendo tu mano". 
Probablemente cuando Erroll Garner dio a conocer la versión -aún instrumental- de "Misty", nunca imaginó que se convertiría con el paso del tiempo en uno de los standards de jazz más visitados y reversionados de la historia. Muchos años después, al otro lado del mundo, junto a su tío, una niña inquieta de unos cinco años lo interpretaría con una sola cuerda ante un público minúsculo, pero sentaría las bases para que decidiera no abandonar jamás el camino de la música.

"Chechu" Giménez, aquella niña inquieta, es una joven artista formoseña que se abre paso en la escena musical argentina junto a su banda, "Cecilia y el Sr. Vinilo", con la que acaba de lanzar su disco debut, "Tiempo de ver", un trabajo muy personal y sensitivo que hace las veces de ritual de sanación desde la confesión más intimista. 

Con "Nano" Basadoni en guitarras eléctricas, "Manoli" Martínez en batería, "Chelo" Benavides en el bajo y Adrián Nening como sonidista y parte ineludible de la banda, Cecilia lidera desde 2015 este grupo en el que compone las canciones desde la exploración más profunda y el autoconocimiento. 
 
"El Señor Vinilo era mi gato. Mi gran compañero durante unos años, años oscuros... de soledad, en un momento en que viví sola. Y se la re bancaba. Hoy ya no está. Y entonces, para mí, quien representa al Señor Vinilo es 'Nano'. Por ese compañerismo, esa hermandad", confiesa. Basadoni además estuvo a cargo de la producción artística del disco y es una pieza fundamental en el grupo desde que comenzaron a tocar juntos en 2015, por la conexión artística que logran y es evidente también en los shows en vivo. 
 
De espíritu curioso y arrojado, Cecilia tuvo su camino signado por la música desde un principio, cuando transcurría su niñez entre los reconocidos músicos que componen su familia. "Arranqué con la música desde muy chiquita; vengo de una familia de músicos del tango. Mi abuelo es el pianista y carpintero Miguel Pereiro. Y mi tío Miguelito es el hermano de mamá. Así es que desde muy pequeña me pasé en esa carpintería muchas siestas bajo el árbol de mango, con el loro Perico, tomando tereré... con el abuelo y el tío Miguel, escuchando a Matías Arriazu, Germán Arriazu, Abel Tesoriere... cuando se pasaban todas las siestas tocando jazz, tango y música brasilera. Yo estaba entre ellos compartiendo desde los tres o cuatro años, cebándoles el tereré entre la madera y el thinner. Así, desde muy chiquita estuve nutriéndome de la música. Poco antes de los cinco años o antes, mi abuelo me regaló mi primera guitarra y me enseñó los primeros acordes. Y desde allí, no paré. Toqué mucho tiempo en la iglesia, en los coros, en el colegio... Cuando tenía 15 años, armé una banda con unos amigos y tocábamos en todos los 15 de esa época", rememora con cierta emotividad.
 
Aun así, lejos de afronterarse en el éxito y el reconocimiento de que goza la familia, decidió trazar surcos desde la iniciativa personal hace muchos años, buscando un lugar de reconocimiento desde el under porteño y expandir su creatividad. "Hace nueve años que estoy en Buenos Aires. Fui a estudiar Musicoterapia y en ese transcurso, conocí a mi primera banda, una banda de reggae, que eran los chicos de la ex Zimbabwe. Y no terminé la carrera de Musicoterapia claramente desde que empecé a hacer música y salir de gira. Y dije: 'Bueno, esto es lo que quería'", cuenta con mucha satisfacción.

Sobre sus inicios, relata los pormenores y dificultades que tuvo que atravesar para lograr encaminar su carera musical, en un ambiente difícil y a veces hostil, dado no sólo por las circunstancias geográficas y el desarraigo, sino también por las oportunidades que tuvo que salir a buscar: "Yo siempre fui de moverme y andar por ahí. En un tiempo toqué en un restaurante en San Telmo con un amigo. Yo tocaba percusión y cantaba. Hacíamos boleros, salsa, bossa nova; ese era mi trabajo. Y después vino 'Ja Jo', cantante de '30 Centavos', de Formosa, con quien tuvimos una experiencia muy hermosa. Íbamos de lunes a viernes a vender panes rellenos en Lavalle y Florida, en la peatonal. Y de paso, hacíamos música, tocábamos un poco. Yo, la guitarra; y 'Ja Jo', las cucharas. Todo eso me empezó a abrir la cabeza y fue como un entrenamiento para hacer lo que hago ahora con más seguridad. Recién hace tres años que toco mis propias canciones. La escena musical siempre fue dura, más que nada para la mujer. Hoy el feminismo está ayudando mucho a que nos reconozcan más, a tener más lugar en la escena. Pero para todo artista, sea hombre o mujer, siempre es difícil el arte, meterse en la movida, porque hay competencia, a veces hay mucha mala onda. También ocurre que te cierran centros culturales, hay lugares donde te cobran por ir a tocar... Uno tiene que ir abriéndose camino de a poco, tiene que trabajar".
 
Fuertemente influenciada por los más diversos géneros musicales, Cecilia es una artista sumamente ecléctica y versátil, que puede acomodarse a estilos en esencia disímiles sin demasiadas dificultades. "Desde muy chica, escuché siempre música brasilera, que me gustaba mucho; y jazz. Igual... soy muy cambiante con los géneros. Siempre depende de la etapa en la que me encuentro, supongo. Después, bueno... desde Charly, hasta Tom Jobim, Jorge Drexler. Por otro lado, Arctic Monkeys, Foo Fighters, Los Beatles... Cuando era chica, uno de los regalos de papá fue una computadora con todos los discos de Los Beatles. Ahora estoy en una etapa donde flasheo mucho con George Harrison. Porque estoy guiando la meditación con mantras en vivo. Así que estoy en ese plano ahora. Me gusta también mucho Claudia Puyó, soy re fan, o bandas como King of Convenience. Las influencias son muchas. Siempre escuché de todo, digamos", recuerda.
 
Hay un 'vos' permanente que hace mella en la poética de este disco, un debate encarnizado entre la superación y la entrega. "Generalmente, las letras hablan mucho del desamor. 'Tiempo de ver' habla mucho de momentos en los que me estaba conociendo, en los que alcancé mis límites... mucha nostalgia. La idea de salir de un lugar donde la pasé mal. Pero, sobre todo, mucho desamor, porque fue una etapa donde conocí el amor y también sufrí mucho por eso. Las letras son bastante concretas, no hay mucho dibujado. Vivo en los adentros de un edificio que está rodeado de mucho ruido en la ciudad. Pero dentro de él es muy silencioso. Y tampoco entra mucha luz. Es como mi cueva, mi refugio. Y está cargado de energías muy intensas que tuve que comenzar a descargar desde algún lugar. Y 'Tiempo de ver' refleja mucho esa etapa de mi vida, con la que hoy no me siento tan identificada; ya el segundo disco traerá nuevas emociones y experiencias".

Como banda, apuestan a la libertad creativa de forma permanente, sin afincarse en géneros preestablecidos que no den lugar a la experimentación o hibridación. Todo está librado a las experiencias que surjan desde la composición hasta los últimos arreglos. "Nosotros partimos de la base del rock. Yo era muy fan de Guauchos. El primer disco de ellos fue algo que me marcó, porque me sentí muy identificada con sus letras y melodías. Y también a la hora de componer. Más allá de eso, hacemos rock, con algo de folklore, pop y soul. Es un género versátil. Básicamente hacemos lo que sentimos. No nos cerramos ni tenemos ataduras con la música".
 
Luego de presentar su primer álbum por algunos escenarios del país, lo que les ha permitido una gran acogida por parte del público, ya están trabajando en el disco sucesor y proyectan ampliar los horizontes de su carrera: "'Con 'Cecilia y el Sr. Vinilo', la idea ahora es comenzar a mover el disco en 2019. Ya estuvimos de gira por Santa Fe, por Paraná, Rosario, Mar del Plata, Formosa... La idea es viajar todo lo que podamos, abrir algunos shows; siempre fuimos de armar nuestros propios shows. Pero meternos más en festivales. Además, ya estamos empezando a escribir el segundo disco y a grabarlo, a maquetearlo, como para ir al estudio y encararlo de una forma más rápida y definida. Yo quiero seguir con esta banda hasta el fin. Con 'Nano' tenemos proyectos de viajar mucho... irnos a Europa, mostrar un poco nuestro trabajo allí. Y poder llegar a vivir de mi banda y me lleve por todo el mundo".
 
"¿Dónde va el dolor cuando duerme?". "Tiempo de ver" es un exorcismo. La búsqueda incesante de la verdad y un redescubrirse ante el mundo desde la resiliencia en que mana una herida abierta pero pronta a sanar. En esta autoexploración sensitiva desde el expresionismo más puro del artista, hay una lírica netamente apostrófica en caída libre, donde sonidos eléctricos y acústicos se debaten los silencios que Cecilia va moldeando con su voz precisa, nebulosa y cálida.

Washington

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