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Recuperemos nuestro lugar y poder

Una columna de opinión de Tona Galvaliz


¡Invisibilizar es violencia silenciosa!

Desde hace siglos, la mujer vive con desventajas en oportunidades y derechos, sometida al patriarcado o al varón por el solo hecho de ser mujer.
¿Hasta cuándo? Esta distorsión milenaria debe terminar.

Según diferentes estudios, se calcula que el trabajo de las mujeres dentro del hogar alcanza un valor equivalente al 39% del PBI, un 35% en brecha salarial entre varones y mujeres aunque la mujer presente mejor formación y capacidad, un 63% en trabajo no remunerado o economía gris, 72% en desigualdad de oportunidades en puestos, rubros, cargos, actividades, 94% en vulnerabilidad legal, licencias, desprotección social, y el 55% de las mujeres ha recibido violencia, sometimiento, acoso sexual laboral.

El CEDEM -Centro Económico de Desarrollo de la Mujer- en un informe estadísticamente segmenta en:

-Pisos pegajosos: el 40% de mujeres con educación primaria presenta obstáculos para acceder al empleo o inserción laboral, alta carga de trabajos domésticos, cuidados no remunerados y alta brecha salarial respecto al varón, un 35% menos con bajo nivel de empoderamiento económico. 

-Escaleras rotas: el 58% con educación secundaria, nivel intermedio de empoderamiento económico con ganancias inestables, vulnerable a los cambios con gran dificultad para conciliar empleo y trabajo doméstico, inconvenientes para crecer en su empoderamiento y evitar caer en pisos pegajosos.

-Techos de cristal: el 72% con estudios terciaros, con alto nivel de empoderamiento económico, mejores ingresos e inserción laboral, menor carga de trabajo doméstico y de cuidados; en el mercado laboral enfrentan discriminación y segregación ocupacional con significativa brecha salarial de género.

-Paredes de cristal: luego de incorporarse en una empresa u organización las trayectorias profesionales entre hombres y mujeres transitan caminos diferentes, con una brecha importante en salario y oportunidades, con pocas posibilidades de ocupar cargos de nivel ejecutivo. 

El resultado de esta divergencia de trayectorias de segregación por cuestión de género en cargos directivos se conoce como paredes de cristal. 

Históricamente, las mujeres aportamos no sólo gestando vida o administrando el hogar como madres, criando, nutriendo, cuidando, educando; también realizamos una importantísima labor contribuyendo activamente por el desarrollo social, científico, político, económico, artístico, cultural, etc. pero la historia oficial escrita por no sé quiénes pretende omitirnos, invisibilizarnos y desterrarnos, sumado a las desventajas mencionadas anteriormente, hecho que viene sucediendo desde tiempos inmemoriales.

Los órdenes del amor es un aporte de Bert Hellinger con enfoque fenomenológico y sistémico, quien expresa que cuando el amor es ciego se perpetúan repeticiones inconscientes en formas de ser, actuar, sentir y pensar con destinos trágicos operando automático y mecánicamente leal a un sistema desordenado, desequilibrado y disfuncional.

Afirma que no puede haber amor sin orden. Este orden se logra con el darse cuenta, mirando conscientemente para luego tomar acción en recuperar el amor que es orden, equilibrio, flujo, armonía, paz, etc.

Bert Hellinger descubre que un sistema no fluye en amor si se dejan de lado diferentes aspectos:

El derecho a pertenencia, cuando por ejemplo hay excluidos, negados, no reconocidos, ignorando la dignidad y respeto de quien fue, es y será ese ser invisibilizado o no mirado del sistema, debiendo reconciliar y restablecer, volviendo a unir las partes. ¿Cómo mujer estoy siendo considerada o incluida?
El honrar a quienes vinieron antes que uno y considerarlos como más grandes que nosotros en un sentido de jerarquía por la razón de que le debemos la vida en diferentes sentidos, pagaron un precio por estar antes que uno, hay que aceptar, respetar y ocupar cada quien su verdadero y justo lugar. ¿Estoy ocupando el lugar que me corresponde? ¿A qué mujeres no honramos, dejándolas de lado?

La vida se sustenta mediante un intercambio permanente y equilibrado entre el tomar y dar, acción que fomenta el fluir diario en pos de una vida placentera y plena. 

¿Que no estamos tomando y recibiendo por ser mujer? 

Seguiremos en disfuncionalidad si continuamos anónimas, invisibles, desventajadas por ser mujer.

El camino es DESPERTAR, trabajar de manera individual y junto a otras mujeres para recuperar nuestro lugar, decidir y elegir con PODER y RESPONSABILIDAD; comprometidas en hacer valer nuestra voz, ir por lo que merecemos por capacidad, velar por leyes, beneficios y oportunidades equitativas en relación al varón.

¡Seamos PROTAGONISTAS y digamos sí a nuestro EMPODERAMIETO femenino! 

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