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Ellas dejaron todo, para llevarse más

La cuarta parada de BONDI fue un espacio para contar historias que habitan nuevas realidades


Esta cuarta parada de BONDI, Colectivo de Ideas, fue distinta desde el comienzo, no sólo por ser la última del año, un proyecto que fue semilla, pero que tenía mucho dentro para seguir creciendo, para ser árbol, enredadera, iniciativa que contagia, posibilidad, alma, transgresión; sino también porque había una mirada distinta, la de seis mujeres que tenían algo que contar, desde sus lugares, sus expectativas, sus sueños, incluso sus miedos. Seis mujeres que se ganan un lugar en un contexto donde alcanzan un protagonismo de matices distintos, pero manteniendo en el corazón un motor para forjar y materializar deseos, porque, al fin y al cabo, eso también es cambiar el mundo.

Ema, el canto y la perseverancia de su cultura: del nacimiento tras la masacre

Ema arranca cantando en su idioma, en qom, lo hace para resaltar la importancia de saber quiénes somos. Y habla de ella desde lo antiguo o de lo profundo, nombrando su apellido: "Qañiyi". De las raíces. De su padre nacido en Misión Laishi, quien trabajó en el ingenio azucarero de los franciscanos. De su madre, nacida de un pueblo masacrado. "Les cuento para que sepan de dónde vengo. Somos un pueblo muy sufrido, pero tenemos esa fortaleza de la unidad. Somos todos hermanos". Nació con el canto en el medio del monte. Su padre la anotó como nacida un 12 de octubre, diferente a la fecha en la que lo había hecho. "Qué fea fecha", le dirá a su padre cuando crezca y él le contestará: "Está bien la fecha, esa tiene que ser; así nunca vas a olvidar a tu gente". Ahí, las dos misiones: el canto y la identidad. 

A los 7 años viene a Formosa, una localidad caracterizada aún por el monte y sin aspecto de ciudad. Hasta los 17 tuvo el apellido Rojas e inicia los trámites con su padre para recuperar el original. Ese cambio tendrá consecuencias: en 1978 recibe una citación de la Policía Federal para averiguación de antecedentes: ¿Por qué había cambiado su apellido? Tuvo arresto domiciliario por una semana.

En los 80, se organiza con la comunidad para trabajar con la artesanía en el barrio Nanqom. Las mujeres del barrio comenzaron a organizarse alrededor de lo que hacían, su arte y su trabajo. Ema destaca la honestidad y la cooperación entre las hermanas: cuatro mujeres vendían los productos de todas, mientras las demás se capacitaban. "Lo hacían ellas mismas, con ese valor, el de lo que saben hacer". Ema también cuenta el recorrido de la artesanía y el canto a lo largo del país y traspasando las fronteras, incluso, cruzando el océano. Lo que marcó la partera y el cambio de la fecha de nacimiento es el objetivo de su vida: difundir la cultura qom. "Toda mi vida lo he hecho: para sensibilizar y alejar la discriminación y el racismo. No fue fácil llegar donde estoy. El racismo se despertó en la escuela primaria. Fue muy fuerte pero no caí". 

"No perder la lengua", pide, con ansias de trascendencia. De posibilidad inquebrantable. Y no perderse está relacionado a la juventud, a ellos, para que sepan hablarla. Y así cierra Ema su charla, cantando de nuevo, tras contar-se porque al hacerlo mantiene vivo lo originario. Que al conocerse puede, también, ser amado.

Lucía, la militancia para construir sueños que nacen de las diferencias

Lucía se para en el escenario como quien sabe que se ha ganado el derecho de decir algo y de ser escuchada, y así se para distinto, porque quien tiene algo para contar, también habla con el cuerpo. Estudiante secundaria, que ingresa a la Federación de Centros de Estudiantes, que define como el primer órgano de representación democrática en la sociedad, hace ya 3 años. "Empezamos a pensar el rol de la adolescencia en la sociedad. Ver cómo nos miraban. Como nos percibíamos nosotros mismos. Nos atraviesan un montón de cuestiones. Estamos atravesados por realidades, contextos, historias pero también por proyectos y sueños individuales". A veces, los sueños, metas, ideas no llegaban a cumplirse y se preguntaron por qué: falta de recursos económicos, herramientas, compromisos. Pero no podían quedarse solo eso. Consideraron que si el contexto, la realidad influía en la formación de identidades, también influía en la toma de decisiones personales. "Cuando el contexto y nuestras realidades no son tan buenas, no están tan piolas, no son amigables, nos planteamos que pasaba con nuestros proyectos y esperanzas: ¿Funcionaba? ¿No? ¿Se concretaban?". Acá es donde nace un sueño colectivo: el pensar y generar las condiciones necesarias para que los contextos no sean limitantes, sean oportunidades. Generarlo les llevo meses de discusiones, de repensarse y considerarse sujetos de derechos.

"Como construíamos esos espacios fue un gran desafío: repensarnos como adolescentes y replantear el rol de los adultos. No es tarea fácil". Empezaron a salir de los límites y se buscaron en otros chicos de la argentina, con las mismas discusiones y la misma necesidad de conseguir algo que nos incluya a todos, a pesar de la diferencia. Hoy, son 20 provincias cuyos estudiantes secundarios trabajan en conjunto. Encontraron el lugar: la escuela secundaria y los centros de estudiantes, los primeros espacios, que les pertenecen por derecho, por historia y porque los hacen suyos todos los días. El foro general de centros de estudiantes secundarios, que convocó a mas de 500 jóvenes para pensar, discutir y debatir qué forma querían darle a la escuela secundaria, al país, a la Patria Grande. "Fue un espacio de pibes para pibes, de jóvenes para jóvenes". 

Lucia sabe que han construido mucho, pero también que falta un montón. Principalmente, plantear como construir desde la diferencia: la política. Reconoce que habitar este espacio no fue fácil. Un esfuerzo que no fue de nadie específico sino de muchos jóvenes que lo hicieron posible y destaca el acompañamiento de las familias para mejorar el contexto de las relaciones humanas. "No es preguntamos hasta cuándo o cual será el límite en que las generaciones se choquen. Dijimos no. Acá no habrá límites, porque no vamos a construir limites. Vamos a construir posibilidades, desde las diferencias. Construir algo comunitario, que les pertenezca a todos. Es un desafío, pero lo aceptamos".

Soledad, el ser madre como fuente inspiracional para emprender

Soledad reviste la imagen de la mujer emprendedora y materializa la independencia, el desafío y las ansias de superación. Emprender define, tiene que ver con salir de la zona de confort, animarse y perder el miedo a liderar. "¿Existe un momento para emprender?". Asume que la flexibilidad fue un factor importante en su desarrollo personal, profesional y maternal. Es consciente de que hay momentos para optar por caminos distintos, sumar ideas o retroceder sobre la marcha. Lo importante es poder escucharnos y escuchar. En Buenos Aires se formó y tuvo sus primeras experiencias como emprendedora, más específicamente con un delivery de ensaladas. Ahí, toma el emprendedurismo como estilo de vida y diferencia entre hacer un negocio y emprenderlo. La diferencia que lo atraviesa es la pasión. 

Pensó en un lugar para cumplir sus sueños y pensó en Formosa. No sabía aun qué emprender, pero tenía claro que quería algo relacionado al arte, el diseño independiente y la producción propia: Ahí, nace La Palermita. Ofrecían productos de decoración artesanal y diseño de indumentaria, fabricado por ella y por artesanos de la zona. A pesar de lograr construirse un lugar en el mercado local, Soledad sentía que le faltaba algo y necesitaba hacer algo diferente: Fidel. "La maternidad me ofreció un momento inigualable para empoderarme y reinventarme y vino a hacerme muchas preguntas, a moverme mi mundo y a replantearme mi vida". Se preguntó si era posible emprender siendo madre y se respondió: "No solo es posible, es un impulso motivacional excelente". Comienza con los workshops, los talleres intensivos para brindar a otras herramientas para emprender negocios propios. La Palermita descubrió una necesidad en el mercado y la cubrió. Durante 2 años dio más de 200 talleres donde se capacitaron más de 1200 personas. La tercer etapa, se está gestando y da vuelta la rosca para realizar retiros artísticos "para que no solo podamos crear productos sino también transformarnos en esa creación".

Concluye en que no existe un momento perfecto para emprender, que el momento perfecto será aquel que pueda adecuarse a sus necesidades, personalidad, tiempo y flexibilidad. "Sean flexibles, permítanse ir por caminos distintos, avanzar, retroceder, cambiar de dirección y volver a avanzar".

Flor, animarse a mostrar lo que hay en el alma.

El arte eligió a Florencia desde chica, al nacer y crecer en una familia de artistas, el arte fue la única opción: es profesora de danza clásica y danza contemporánea y dirige la compañía de danza Imalaq, aquel proyecto que más la representa, lo más suyo. 

En 2010 formó parte de un ballet de Resistencia y tras años de pensar la danza como reducida a una técnica exquisita, le enseñaron que la danza era mucho más. "Podía contar historias sin decir palabras. El cuerpo podía contarlas, la energía podía hacerlo". Comenzó a crear proyectos pequeños porque tomar la decisión de ponerse al frente de algo, en la danza, como en la vida, "es muy fuerte". En 2015, presentó un trabajo en un certamen y por primera vez podría contar lo que quería. Ahí eligió el nombre "Imalaq" de un diccionario qom: "Azul". El azul relacionado con lo celestial, el espacio cósmico, lo inalcanzable y lo desconocido. 

"En Imalaq tratamos de contar historias con el cuerpo. Con mis manos puedo ver si le estoy bailando al agua o al sol. Con los pies puedo mostrar si estoy caminando en barro o en el cemento de la ciudad o si estoy en la arena caliente. Con el cuerpo puede mostrar que bailo haciendo una plegaria a la Pachamama o si estamos ofreciendo cosechas a los dioses. Todo esto lo puede decir el cuerpo y hacerlo es folklórico. Para fundar una compañía de danza uno jamás se siente preparada. Jamás es el momento indicado. Jamás se siente a la altura. Y jamás se te aparece la Pachamama en un sueño a decirte "hija mía, cuenta mi historia".

Asegura que el proceso de crear se fortalece con la práctica. No es solo subir a hacer una coreografía, sino tratar de traducir un lenguaje corporal, sin palabras. "Anímense siempre, a mostrar lo que hay en su alma".

Marite, el regreso al campo y el espacio doméstico garante de soberanía alimentaria

"¿Alguien sabe cuántas personas en situación de hambre tenemos en el mundo?", es la pregunta que Marite elige para comenzar a hablar. 815 millones. Informa que el 60% de los productos que se consumen tienen un 66% de su costo solo en marketing y logística para que ese producto llegue a las góndolas. Habla de la sencillez de ser "productora a pequeña escala y de criar chivas para vivir". Habla directo, comunica incluso cuando hace silencio, allí parada debajo de la luz del escenario. 

De Pozo del Tigre vino a estudiar. "¿Para qué mamá? Para que no creas todo lo que dicen". Eligió turismo con la esperanza de que podría generar un intercambio que ayude a los campesinos a tener estrategias y acceder a otras oportunidades. Habla de los mandatos sociales ("te recibís, trabajas, te esclavizas, colapsas, te mal nutrís y volves con los nervios de punta a tu casa"), pero los desconoce como necesarios. Por ello, a la par, trabaja con comunidades aborígenes en las ciudades en que vivió. "¿Cuándo empezas a preguntarte que estás haciendo y que estas comiendo comenzas a pensar que hay un montón de cosas que no eran las que podrías haber elegido? O simplemente la necesidad primaba". 

Cuando volvió a la tierra firme, volvió al campo y su abuela le advirtió que iba a sufrir "porque acá mandan los hombres". "No abuela, le dije; pero en el aprendizaje de ese camino, mi abuela tenía razón: mandaban los hombres pero con una mujer detrás". Ahí entendió que cada día que iba a trabajar no era de trabajo, era un día de lucha. Primero, con ella misma, para vencerse a nosotros mismos; segundo, porque había una sociedad que no estaba del todo mal, pero había barreras y paradigmas que derribar. La batalla comenzó: el derecho a la tierra lo tenían los varones. Ella tenía chivas, vacas y abejas, pero anda de eso alcanzaba para un crédito. Hasta que se encontró con otras mujeres en la misma situación. Y otras mujeres. Y otras. Y comenzaron a charlar con los varones: "No fue fácil. Todavía no terminamos la charla. Pero estamos en la lucha. Por lo menos, ahora saben que existimos", dice con la chispa necesaria que debe imprimírsele a las cosas importantes.

"La tradición dice que los animales grandes los manejan los varones y las mandas de los chiquitos es el espacio de las mujeres. La ganancia está porque el espacio domestico controlado por la mujer deja de serlo para transformarse en una pequeña empresa para educar, sostener, cultivar, garantizar y proteger nuestra soberanía alimentaria. El derecho de los pueblos a acceder a los alimentos sanos, producidos de forma sostenible y que sean culturalmente adecuados", define rápido sabiendo que está modificando las bases de raíces arraigadas de antaño. 

Marite aboga por la ganadería pastoralista, con la esperanza de producir alimento pero también de recrear la cultura. Reivindica los derechos: a la vida, desde el salir de la panza y llorar; el segundo derecho: a una alimentación sana, saludable, sostenible: la teta de la madre. Va un poco más allá y nombra las problemáticas: la juventud que se va por la imposibilidad de oportunidades en su territorio. "¿Quien tomará las decisiones si esos niños crecen pensando que afuera es mejor?"; y el consumo: "La soberanía alimentaria sale por la puerta cuando el consumo entra por la ventana". No se pueden comer alimentos ficticios: con colorantes, conservantes, saborizantes. Para cerrar, Marite asume: "Cada día que vamos a trabajar, vamos a luchar para cambiar la realidad que hoy esta negra".

Alida, el compromiso de recuperar la mirada y la emocionalidad

"Veo, veo", dice Alida y te transporta a la infancia, inmediatamente. Quizás porque es la etapa donde más se aprende. Quizás, para el resto de la vida adulta. Conocimientos como el color de las personas, para aprender a verlas mejor. Es docente y especialista en necesidades educativas, neurodesarrollo y trastornos del espectro autista y la comunicación. 

Quiere transmitir que el mundo necesita todo tipo de mentes, que es en las diferencias donde encontrar la riqueza y la posibilidad de hacer un mundo mejor para todos. Su objetivo personal era darnos la posibilidad de redescubrir una herramienta para conectar con el otro: la mirada.

"Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea tan solo otra alma humana", cita y explica un siglo XXI avanzado en materia de tecnología pero en el que cuando nos encontramos con otro diferente, atípico, volvemos a una mente primitiva. La lucha o la huida, reacciones que en otros tiempos fueron adaptativas, hoy se convierten en una amenaza para nosotros mismos y para los demás. "El mundo exterior avanzo vertiginosamente, el mundo interno no lo ha hecho demasiado. Nuestra estructura mental no ha avanzado de la misma manera. Pensemos cuando nos encontramos con alguien diferente (en sillas de ruedas, con parálisis cerebral, o que habla raro), pensemos en nuestras reacciones ante eso. Miramos para otro lado, o lo peor de todo, les decimos a nuestros hijos "no mires". Creemos que no hay lugar para todos. Que no estamos preparados o no tenemos recursos", describe no en el centro del escenario, sino corrida un poco para atrás, quizás en un reflejo de su tarea diaria, donde el otro es protagonista y ella una generadora de mejores vínculos. 

Sostiene que la solución al "no hay lugar para todos", somos nosotros mismos porque nacimos cableados para ser felices. Las emociones son una marca registrada del ser humano y la herramienta a recuperar es la mirada. Hacerlo es un compromiso. Qué hay en una mirada. Cargada de emocionalidad. La mirada es un indicador. "No podemos pensar a los demás; no podemos cambiar la realidad de los demás sin pensar en ellos. Tenemos que recuperar el amor y la compasión que transforman lo que sabemos en teoría en sabiduría". Llama a revisar fortalezas y debilidades para gestionar mejores relaciones a partir de la empatía. Desde la ciencia, sostuvo que las neuronas espejo posibilitan sentir y ponerse en el lugar del otro; la empatía entonces, puede aprenderse, porque el cerebro es un órgano bio-psico-social. Es decir, es en el ambiente y en la interrelación con el otro donde encontraremos la posibilidad de construirnos y desarrollarnos como personas. 

Sugiere la empatía y la compasión: el ponerse en el lugar del otro y un paso más, sentir con el otro, haciendo algo para cambiar su problema o ayudarlo en lo que necesite. "Es una responsabilidad como sociedad, ponerse en el lugar del otro. Eso es la neurodiversidad. Un compromiso, un trabajo y una invitación a cambiar la mirada que devalúa la diferencia a otra amorosa, ávida de conocer y reconocer al otro más allá de su condición y resaltando sus cualidades. Debemos creer que podemos"

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