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Rapicuotas Hola Argentina

La historia sin fin

06/09/2018 Una columna de opinión de Antonio Fabián Hryniewicz

Releyendo ciertos libros sobre nuestra historia, se me ocurrió refrescar determinados dichos de nuestros hacedores de la Patria en algún discurso y ordenarlos por año en que se dijeron y luego, hacer una reflexión final:

Diego de Zavaleta, (1810): Sé, y gimo con vosotros sobre los grandes obstáculos que se oponen al dulce imperio de la paz: pero también sé que las dificultades no destruyen la obligación; y que una ley, por ser difícil, no deja de serlo.

Pedro Ignacio de Castro Barros, (1815): La madre patria como organizadora de la sociedad natural y civil de los hombres, suministra a sus hijos cuatro principales bienes, a saber, la seguridad de sus individuos, la propiedad de sus bienes, su libertad e igualdad a la faz de la ley.

Manuel Antonio Castro, (1826): No puede hacerse la felicidad del país sino bajo la forma de gobierno de unidad.

Ignacio Martínez, (1832): Es muy peligroso poner la suerte del país en la voluntad de un hombre solo.

Bartolomé Mitre, (1854): Hay, señores, una Nación preexistente, y esa Nación es nuestra patria, la patria de los argentinos.

Domingo Faustino Sarmiento, (1868): Nos queda por aprender la parte más difícil de la política práctica, que es cómo se regeneran los pueblos por la virtud cívica, por la perseverancia en los propósitos, por el acrecentamiento de la instrucción y de la riqueza, como se fundan los gobiernos libres dando al pueblo lo que es del pueblo, y al poder lo que es del poder, tratándose con recíproca benevolencia y espíritu justiciero.

Luis María Drago, (1902): El capitalista que suministra su dinero a un Estado extranjero tiene siempre en cuenta cuáles son los recursos del país en que va a actuar y la mayor o menor probabilidad de que los compromisos contraídos se cumplan sin tropiezos.

Hipólito Yrigoyen, (1909): Sólo los mentecatos o los malvados pueden ignorar o hacerse los desentendidos para comprender hasta dónde hayan penetrado las raíces de la depravación de esta progresiva “crisis del progreso.

Manifiesto de los Cuarenta y Cuatro, (1930): Que a la crisis institucional se ha agregado una grave crisis económica, producida por la desvalorización de nuestro signo monetario, la falta de una obra positiva de gobierno y la desconfianza general que provoca la desorbitación manifiesta de los actos del Poder Ejecutivo.

Roberto María Ortiz, (1941): Fue, pues, uno de los propósitos de mi gobierno terminar con esa lamentable división de los argentinos en vencedores y vencidos, en perseguidores y perseguidos. Procuraba, con ello, que renaciera en el alma nacional una aurora de nueva fe y optimismo patriótico.

Juan Domingo Perón, (1946): Sostengo el principio de libertad económica. Pero esta libertad, como todas las libertades, llega a generar el más feroz egoísmo si en su ejercicio no se articula la libertad de cada uno con la libertad de los demás.

Arturo Frondizi, (1958): El principal obstáculo al avance del país es su estrecha dependencia de la importación de combustible y acero. Esa dependencia de la importación ha deformado nuestra economía.

Raúl Alfonsín, (1983): Vamos a luchar por un Estado independiente. Hemos dicho que esto significa que el Estado no puede subordinarse a poderes extranjeros, no puede subordinarse a los grupos financieros internacionales, pero tampoco puede subordinarse a los privilegiados locales.

Increíble, ¿no? Han transcurrido 208 años y seguimos hablando de exactamente lo mismo. Incapaces de resolver nuestros verdaderos problemas, vemos en los demás la culpa y no pensamos en otra cosa que en la inmediatez. Debatimos segmentadamente sin objetivos comunes. ¿Cuántos años más deberán pasar para que nos demos cuenta de que todos somos la patria? Que todos somos la Argentina.

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