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Codicia

01/09/2018 Una columna de opinión de Benjamín Fernández Bogado

Detrás de todas las investigaciones por corrupción de varios de nuestros referentes políticos latinoamericanos, el factor dominante es la codicia además de la mentira, el desparpajo en la realización de sus actos y el abierto como descarado cinismo. Si uno traza los momentos en que cometieron sus actos de corrupción más desembozados, coinciden siempre con mitines, entrevistas o discursos en donde llenan de halagos al pueblo, insultos a los opositores o inventan conspiraciones en su contra. Ha pasado en varios de los casos que hoy son investigados por la Justicia que se les han rebelado en muchos casos.

Estos hechos, que podrían ser sujetos de investigación psiquiátrica, determinarían los comportamientos patológicos de estos corruptos seriales. Nos debería llevar además a madurar en torno a los comportamientos de los políticos. A desconfiar profundamente de ellos cuando a voz de cuello pronuncian las palabras pueblo, democracia, desigualdad o justicia. Es probable que en ese mismo momento, él o ella, sus familiares o la camarilla gobernante, estén depositando en bancos locales o internacionales el dinero sucio con el que han hecho negocios en detrimento de todos. Cuando veamos en perspectiva esos momentos, también estoy seguro que coincidirán con banquetes de los ejecutivos del régimen que alaban las condiciones de desarrollo y de prosperidad que han alcanzado sus pueblos de la mano de esos gobernantes tan “probos como eficientes”. Claro, para sus intereses personales. Tal vez coincidan con misiones de organismos internacionales, siempre dados a dar palmaditas en las espaldas de sus gobernantes amigos a los que llenan de elogios al tiempo de pronosticar un buen futuro para todos. Esta representación cínica del poder ha sido permanente y constante en el teatro de la política latinoamericana. Los críticos se ganaron en su momento el insulto, la persecución o los agravios de quienes por lo menos afirmaban que estos “pájaros de mal agüero” sólo veían los hechos negativos y nunca los logros de estos “gobiernos tan cercanos a la gente”.

La migración de venezolanos es el mejor cuadro de la decadencia de este tipo de administraciones. Saliendo por miles, caminando kilómetros y rumiando su desgracia hacia gobiernos a los que anteriormente hacían loas y vítores. Nunca nada puede funcionar bien cuando las leyes no se cumplen, las elecciones no son libres, la libertad de prensa no se respeta, las manifestaciones se reprimen y los que producen cierran sus empresas y se van. Estos son sólo algunos de los momentos que tendrían que darnos las claves de un fracaso inminente y en su momento tener la energía y el coraje de repudiar a esos gobiernos. Hay muy pocos casos en la historia de rectificación de caminos errados. Casi siempre, lo que anda mal terminará peor.

La codicia de estos liderazgos es insultante. La cantidad de dinero robado es asombrosamente alto y no hay rubor en el rostro ni remordimiento entre los saqueadores en democracia que repitieron lo mismo que hicieron los dictadores con charreteras o sin ellas. Castigo ejemplar para todos es lo que esperan nuestros pueblos hambreados por la desvergonzada codicia de sus gobernantes.

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