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Van Bredam propuso que el Día del Escritor sea denominado “Día de las Escritoras y los Escritores”

10/06/2018 Además, el autor señaló que la conmemoración debería trasladarse al 24 de agosto, fecha de nacimiento de Jorge Luis Borges

LITERATURA

El 13 de junio se celebra en todo el país el Día del Escritor. Ante la cercanía de esa conmemoración, el profesor y autor Orlando Van Bredam propuso que esa fecha de homenaje a las personas que se dedican a las Letras en nuestro país sea denominada “Día de las Escritoras y los Escritores de la Argentina”.

El Día del Escritor fue establecido en reconocimiento a Leopoldo Lugones, quien nació un 13 de junio de 1874 en Villa María del Río Seco, provincia de Córdoba. Fue uno de los más reconocidos y polémicos escritores argentinos, además de haber sido periodista y político. Entre muchas de las acciones y obras que emprendió, Lugones fundó la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).

Por este motivo, el autor de “Teoría del desamparo” (novela ganadora del Premio Emecé 2017) consideró que la fecha debería trasladarse al 24 de agosto, el día del nacimiento de Jorge Luis Borges. “No me gusta que el referente sea Leopoldo Lugones. No creo que sea el gran poeta nacional. A esta altura, hay escritoras y escritores más trascendentes. En este sentido, la obra Borges nos enorgullece y es reconocida en el mundo”, subrayó Van Bredam a este Suplemento.

“A su vez, el concepto de escritor apunta más a un hombre escritor que a una mujer escritora. Hace unos años, se generó una polémica porque se planteó por qué se habla de ‘Sociedad Argentina de Escritores’ cuando hoy en día hay mayor número de autoras en la literatura más sobresaliente de la Argentina, con escritoras como María Teresa Andruetto y ahora Samanta Schweblin, que es considerada una de las mejores representantes de la literatura fantástica, y muchas otras, como Claudia Piñeiro, la más ‘vendedora’ de todas ellas. En aquel momento, se creó, en oposición a la SADE, la Sociedad de Escritoras y Escritores Argentinos, la SEA”, relató el educador.

“A lo largo de la historia, el hombre se apropió de la literatura y no porque las mujeres no hayan escrito, sino porque fueron omitidas, y sus obras no fueron tenidas en cuenta. La inclusión de las mujeres es una batalla política que se debe llevar a cabo. Acá no vamos a discutir la corrección idiomática: se trata de dar lugar o no a lo femenino dentro de la escrituras. Yo aplaudo todas las reivindicaciones que se relacionan con la mujer. Son espacios que ellas han ido ocupando y manteniendo con decoro, con muy buena literatura y con una gran estrega a la actividad”, indicó.

Por otro lado, al ser consultado acerca del oficio de escribir, el docente aseveró: “La palabra ‘oficio’ es interesante, porque define una tarea que uno lleva a cabo de manera disciplinada, como si uno pudiera vivir de esa actividad. En mi caso, escribir no es un trabajo, sino una necesidad casi fisiológica. No tengo un por qué ni un para qué: escribo porque necesito hacerlo, del mismo modo que tengo la necesidad de comer, dormir y amar. Otras personas no sienten eso”.

“Debería haber mejores condiciones para que los autores puedan publicar sus obras en formato impreso. Los editores, quienes eligen un libro y lo publican, construyen el mercado o niegan la posibilidad de que otros escritores entren en ese sistema. Pero aun así, fuera de la modalidad de la oferta y la demanda, el libro, además de ser un artículo cultural, es un objeto de consumo, como dijo José Saramago. Se puede escribir sin publicar, pero la publicación supone la necesidad de que existan lectores. De igual manera, existen escritores que tuvieron muy pocos lectores durante toda su carrera literaria, como Juan Carlos Onetti, quien fue reconocido por grandes académicos y autores, pero no fue leído masivamente”, evaluó.

“Las condiciones en que el autor escriba son aquellas que él pueda construir y que su literatura le pueda brindar, que no siempre son las mejores. Pero creo que todos deben responder a una necesidad; y la obligación de todo escritor debería ser leer mucho, para perfeccionar su escritura y darles a los lectores lo mejor que pueda sacar de ese trabajo”, manifestó el docente.

Por otro lado, Van Bredam comentó que sigue dictando con gran éxito el Primer Taller de Lectura y Escritura Creativa de la Universidad Nacional de Formosa. “Estoy muy entusiasmado, y sospecho que mis alumnos también. Habría que preguntarles a ellos. Hemos logrado sistematizar algo que siempre me resultó difícil y complejo, que es la producción de un texto narrativo”, apuntó.

“Por lo general, en los Talleres que orienté siempre había un gran nivel de informalidad: se leía y se escribía ‘para el momento’, pero no dentro de un proceso destinado a mejorar lo escrito. Trabajábamos con instantes de inspiración y escritura y alguna breve devolución. Ahora, encontramos el modo de pautar esa labor. Por eso, se me ocurrió un número arbitrario, de doce miércoles de cursada, y se tornó algo interesante. Los asistentes se ajustan a las consignas, y participan de manera activa; y trabajamos en la redacción de cuentos, porque yo no considero tener las herramientas para poder orientar un Taller de poesía”, especificó Orlando Van Bredam.


Día Nacional del Libro 


El 15 de junio de 1908 se entregaron en la Argentina los premios de un concurso literario, organizado por el entonces Consejo Nacional de Mujeres. A partir de allí, la biblioteca de ese organismo tomó la iniciativa para que se celebrara “un día especial del año a la recordación del libro como registro imperecedero del pensamiento y de la vida de los individuos y las sociedades, y como vínculo indestructible de las generaciones humanas de todas las razas, lenguas, creencias, etcétera”.

Después de diversas solicitudes, la biblioteca de aquel Consejo logró el reconocimiento esperado: en 1924, por Decreto nacional del gobierno de Marcelo T. de Alvear, se declaró oficialmente el 15 de junio como la “Fiesta del Libro”. Luego, en 1941 se cambió la denominación por “Día del Libro”, la cual se mantiene hasta hoy.

Al ser consultado sobre esta conmemoración, Orlando Van Bredam declaró que es “inobjetable” que exista un Día Nacional del Libro, y expuso: “Sería una ocasión interesante para leer nuestra literatura y conocer a los grandes escritores canónicos de nuestras Letras y a los grandes autores del siglo XIX, del siglo XX y de la época actual, aunque sea mínimamente, antes de acceder a otras literaturas. Pero no siempre es fácil, porque el gusto de leer nos lleva por caminos que no siempre son los más favorables para la literatura argentina. En mi caso, empecé leyendo a autores extranjeros. El primer gran libro que me asombró fue ‘La isla del tesoro’, de Robert Louis Stevenson”.

“No puedo decir que la literatura argentina fue lo primero que leí. Pero para tener mayor claridad respecto de quiénes somos, y conocernos un poco más como nación, es bueno leer a los grandes autores argentinos, que los tenemos y que son muy interesantes”, acotó.

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