Miércoles 26 de Junio de 2019

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Nostalgia ferrovial


La nostalgia invade a los formoseños que peinan canas cada vez que, con buena intención, las autoridades provinciales o municipales realizan alguna intervención estética o recuperan espacios para el disfrute público en los alrededores de la centenaria estación de trenes de esta capital.

La construcción del primer tramo de la Costanera -desde la sede de Prefectura Naval a los silos devenidos en Mirador paisajístico-, el Predio Ferial, la refacción de los antiguos galpones portuarios, los paseos Ferroviario y “La Estación” y el Museo que atesora recuerdos de esa historia centenaria le han dado vida y color al sector ribereño más céntrico. Sin embargo, subyace detrás la errática política ferroviaria del gobierno nacional en las últimas décadas.

El menemismo, en los noventa, dejó sin trenes a la provincia; el kirchnerismo se fue en promesas incumplidas durante 12 años y el macrismo lanzó un Plan Belgrano que ni en los papeles tuvo en cuenta la reactivación del ramal C-25. En total ha pasado casi un cuarto de siglo de vías muertas. El último viaje lo realizó un tren petrolero que descargaba sus vagones en la planta de YPF, desde donde se exportaba crudo a Paraguay a través del “puerto sucio” ubicado al sur de la no menos impura fábrica de tanino.

Ningún formoseño con sano criterio ambiental extraña esa deslucida formación, y menos aun pretende que ella vuelva a pasear sus chirridos y manchas por las narices de la ciudad. Lo que sí se extraña es un transporte ferroviario pujante, como lo fue hasta pasada la mitad del siglo veinte el ramal C-25.

La sociedad formoseña observa con una mezcla de alegría y resignación que amplios sectores céntricos del viejo ferrocarril pasen a formar parte del nuevo espacio público para la recreación familiar, mientras antiguas piezas de aquél se integran al Museo. Un sabor agridulce produce ver que la valorable política de preservar al menos la memoria no es acompañada ni siquiera por un atisbo de reactivación de nuestra vía férrea.

Se supo, durante la inauguración del Paseo “La Estación”, que el gobierno provincial está dispuesto a reanudar las gestiones con el gobierno nacional, si el 10 de diciembre cambia de signo político. Ganado por la impotencia en estos últimos cuatro años, frente a un Presidente que sostiene que “cada vez que se desarrolló el ferrocarril, creció el país”, pero nunca puso en agenda el ramal C-25, el PEP confía en que un triunfo justicialista en las próximas elecciones nacionales le devolverá la esperanza de una pronta reactivación.

Conviene reiterar, no obstante, que las erráticas políticas oficiales en este sentido llevan décadas. Tiempo durante el cual la renovación de tendidos férreos y la modernización insumieron miles de millones de pesos en subsidios para mejorar el servicio en Buenos Aires y alrededores mientras en el resto del país lo poco que había se iba perdiendo o pasaba a convertirse en atesorada chatarra para los museos.


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