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En los años 50 transformó con su padre un camión en un colectivo y se convirtió en el chofer más joven del interior

16/12/2013 Con 17 años,  Oscar "Tito" Pereira cubría 120 kilómetros de camino de tierra, desde Tres Lagunas hasta Clorinda. Los relatos de esos viajes parecen extraídos de una película de ficción.

Siete Palmas es un pueblo donde todavía la gente suspende las fiestas si muere algún poblador o sucede alguna desgracia, en señal de respeto hacia el dolor ajeno. En este lugar vive el protagonista de esta historia, que invita a las personas de la tercera edad a remontarse a sus años de juventud e interpela a los jóvenes a utilizar la imaginación para visualizar la forma en que se vivía entre los años 40 y 60 en el interior provincial.  

Oscar "Tito" Pereira hizo y hace muchas cosas pero el mayor orgullo de sus familiares, amigos y vecinos es su hombría de bien, su solidaridad, su bondad y su don de buena gente.

Tiene 75 años, nació el 15 de marzo de 1938 en Buena Vista y lo inscribieron en el Registro Civil de Laguna Blanca. Desde adolescente comenzó a trabajar en la actividad comercial, recorrió diferentes puntos de la provincia como chofer de colectivos, montó con su esposa un almacén de ramos generales en Siete Palmas y hasta llegó a ser intendente entre 1987 y 1991.

Su madre, María Elisa Pereira, era ama de casa y su padre, Arturo Pereira, se desempeñaba como comerciante y compartió las travesuras de la infancia con sus hermanos Silvano Pastor y Evangelista. 

Pista de baile

Su padre tuvo entre 1942 y 1948 la pista de baile "Pereira" en Buena Vista, que también era almacén de ramos generales y bar. Fue la primera pista en tener un billar y heladera a querosén de seis puertas. 

En ese entonces el transporte era en carros estirados por bueyes. "Recuerdo que papá llevaba algodón a la firma comercial de Bunge & Born de Clorinda y regresaba con mercadería. El viaje demandaba seis días, ida y vuelta, y se formaban verdaderas caravanas de entre 10 y 15 carros. Era toda una travesía. Cada carro llevaba por lo menos seis bueyes, por lo que en total eran entre 60 y 90 animales. Eran tiempos en los que nada se podía hacer solo, por eso sobraba la solidaridad y el espíritu de sacrificio. Todos estaban dispuestos a dar una mano al que lo necesitaba, y se vivía la unidad porque luchábamos contra el propio medio ambiente y la falta de infraestructura", comentó Pereira a La Mañana.

Después, la familia se trasladó de Buena Vista a Clorinda. La primaria la cursó en forma alternada entre Clorinda y Asunción, y la secundaria la hizo hasta el Tercer Año en el Instituto "Domingo Faustino Sarmiento", de la segunda ciudad.

Con 14 años comenzó a trabajar como cadete en la casa comercial "García" de Clorinda, en la época de grandes locales como Casa "Iñi", Casa "Ayucano" y Casa "Soloaga". Esta última vendía desde jabón y productos alimenticios hasta camiones Studebaker, con sucursal en Laguna Blanca.

Colectivero

Luego, sus padres compraron un camión Berford naftero, modelo 46, y se iniciaron en el negocio del transporte de pasajeros. "Tito" pasó a ser, con 17 años, el chofer más joven y cubría 120 kilómetros, desde Tres Lagunas hasta Clorinda, pero para hacer ese trayecto debía pasar por numerosos pueblos y parajes.

A la 1 de la madrugada el colectivo salía de Tres Lagunas y allí comenzaba un largo peregrinar para alzar pasajeros en Villa Hermosa, El Recodo, Riacho He Hé, Marca "M", Ceibo 13, Laguna Naineck, Lucero Cué, Palma Sola, Isla Leona y Clorinda. 

De todo este recorrido, el lugar más difícil para circular siempre fue Isla Leona, y en la medida que el camión se acercaba a este sitio empezaba la preocupación, tanto del chofer como de los pasajeros, quienes tenían que empujar el medio de transporte y apelar a todo tipo de mañas y estrategias para continuar viaje. "En esa época era muy común escuchar decir que sortear Isla Leona sólo era para guapos, y esa era mi tarea. A veces nos quedábamos hasta que encontrábamos la forma de salir. En esos viajes pasaba de todo y las anécdotas son numerosas", recordó. 

El camión transformado en colectivo llevaba por lo general entre 20 y 25 pasajeros, unas 30 bolsas de mandioca, jaulas con gallinas, algún que otro preso y embarazadas que iban a "tener familia" a Clorinda. 

Por lo general, las embarazadas y las señoritas tenían trato preferencial y podían viajar en la cabina, junto al chofer. 

Esa era la dinámica durante gran parte del año, pero en tiempos de cosecha el colectivo llevaba hasta 80 personas por viaje, en su mayoría paraguayos, para levantar algodón de los campos.

Entre 1958 y 1959 hizo el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento de Infantería de Monte 29, después regresó a su tarea de chofer y, al tiempo, sus padres vendieron el camión.

Dada la experiencia que adquirió durante cuatro años en la conducción, fue a pedir trabajo a la sociedad "Oviedo y Cano", que estaba a cargo de la empresa de colectivos "Pilcomayo".

Como hacia 1960 la empresa estaba en plena expansión de su servicio, agregó a su hoja de ruta otros destinos como Loma Zapatú, El Espinillo, y Clorinda. 

El destino quiso que fuera el chofer que realizó el viaje inaugural desde El Espinillo a General Belgrano, trayecto que en esa época no tenía asfalto. "Era una vida sacrificada pero como no conocíamos mucho la comodidad, estábamos acostumbrados al trabajo pesado", expresó. El 31 de diciembre de 1962 contrajo matrimonio con Elma Vitale, pobladora de Siete Palmas, con quien tuvo tres hijos: María Azucena, Graciela Elisa y Oscar Alcides.

También hizo el recorrido de Siete Palmas a Clorinda. "Para lograr que el colectivo funcione había que colocar una manija en el frente y dar varias vueltas. Se necesitaba fuerza y mucho cuidado para no terminar con el brazo lastimado", sostuvo. 

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