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Una mujer hizo de la cultura del trabajo y el culto al respeto, los valores que dejó de herencia a sus 12 hijos

09/12/2013 La protagonista es doña Adriana Quiroga. Esta pobladora de Buena Vista, de 81 años, relata aspectos interesantes de la vida de la gente de campo varias décadas atrás.

Si bien muchos valores se transformaron o se perdieron, todavía existen personas que invitan, a través de los relatos de otras épocas, a viajar en el tiempo para reconocer y destacar el espíritu de sacrificio, el sentido de comunidad y el acercamiento al prójimo.

La palabra empeñada tenía el mismo valor que un documento firmado y rubricado por escribano público. A esa forma de entender y vivir el mundo pertenece doña Adriana Quiroga, una pobladora de 81 años que nació y crió a sus 12 hijos en Buena Vista, localidad conocida como "El Jardín de la provincia", ubicada a unos 15 kilómetros de Laguna Blanca y uno de los municipios más cuidados de la provincia.

De joven unió su vida a Santo Quintana, con quien supo cultivar la tierra en la zona y con quien llevó el sustento a su familia con la fuerza de su trabajo y su inquebrantable espíritu de lucha y sacrificio. 

"Con mi marido pudimos criar a 12 hijos, uno de los cuales falleció. Siempre vivimos acá, del trabajo con la tierra. Cultivamos maíz, mandioca, poroto, algodón. También criamos gallinas, chanchos y chivos. Todo para nuestro consumo y si algo se puede vender, lo hacemos para poder comprar algo de mercadería. Se vive tranquilo, todavía podemos dejar todas nuestras cosas afuera. No tenemos casos de robo como en otros lugares", comentó esta mujer. 

Una recorrida por la zona permitió a La Mañana encontrar a doña Adriana en una de las calurosas tardes formoseñas en su casa recién bañada y con las uñas pintadas de rojo; mientras que su hijo mayor, Félix, de 61 años, descansaba después de una larga jornada de trabajo en la chacra, sentado en una banqueta y con la mirada puesta hacia la ruta 86, como perdida en el horizonte. 

Recordó que a sus 12 hijos: Félix, José Gerardo, Gabriel, Santo Tomás, Juan de la Cruz, Martín Hermógenes, Lucía, Ramona, Felicita, Josefa, Elías Ramón y Nicolasa, los tuvo mediante parto casero, en su casa y con la ayuda de las parteras del pueblo. 

"Ahora hay hospitales y centros de salud, pero antes teníamos que arreglarnos como podíamos. En caso de complicaciones se viajaba a caballo o en carro y en el mejor de los casos en colectivo, pero eso ya más cerca en el tiempo. Nosotros siempre fuimos familia pobre, pero siempre nos valimos por nuestros propios medios para salir adelante. El respeto de mis hijos sigue hasta ahora y eso quiere decir que no me equivoqué tanto en la educación que les dí. Todos son muy trabajadores y saben que sólo así se consiguen las cosas. De todos mis hijos, son tres los que continúan ligados al campo: Félix, José Gerardo y Gabriel", expresó.

Sostuvo que antes demandaba más sacrificio la crianza de los hijos porque se carecía de confort, al punto que no existían servicios de luz,  agua, caminos o centros de salud.

"Entre los 6 y los 8 años los chicos ya empezaban a ayudar en las tareas de campo. A medida que iban creciendo, comenzaban a dedicarse a las tareas más pesadas. Los hombres con su papá en la chacra y las mujeres conmigo en las cosas del hogar. Todos tenían una actividad concreta. Recuerdo que antes esperábamos en la ruta vieja a "Don Abate", que era el chofer del colectivo de la empresa Salomón, que iba a Clorinda. El viaje en colectivo era todo un acontecimiento, porque había que prepararse y esperar al costado del camino", dijo. 

Como la movilidad en colectivo demandaba dinero, lo más habitual era trasladarse en caballo o llevar algunos productos en carros estirados por bueyes hasta Laguna Blanca, desde donde se regresaba con mercadería. 

"Los hombres eran los que hacían esos viajes y se pasaban todo el día para poder vender algo y traer los productos de primera necesidad. Gracias a Dios nunca faltó qué comer porque tampoco esperábamos sentados que nos venga todo "˜de arriba"™. Ahora se perdió mucho el espíritu del trabajo. No entiendo cómo pueden existir personas que se conforman con un plan social. La mejor herencia que le dejamos con mi esposo a nuestros hijos es la cultura del trabajo y el respeto a sus semejantes", destacó. 



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