Formosa, Lunes, 22 de octubre de 2018 - 03:Oct:19 - loading
Hola ArgentinaGrupo Betania

Sus abuelos llegaron con Fontana en la fundación

11/11/2013 "Todos acá éramos colonos. La vida era muy diferente, más sufrida que ahora en muchos sentidos pero a la vez más linda. Puedo decir que viví la mejor época", aseguró Don Enrique Parola.

Este hombre tiene 78 años, nació el 6 de febrero de 1935 en la entonces Chacra 11 Bis, actualmente conocida como Villa Belgrano, frente al barrio El Resguardo.

Se casó con Adela Parola y tuvieron tres hijos: Tránsito Esteban Tomás, Nora Lucrecia del Rosario y Carlos Isaac Rubén. Trabajó toda su vida en actividades ligadas a la construcción y lleva más de 60 años como músico popular.

Su padre, José Parola, tenía algunas vacas para la venta de leche, gallinas para la comercialización de huevos y una ladrillería; mientras que su madre, Elisa Capra, se ocupaba de la crianza de los hijos y los quehaceres de la casa.

"Somos siete los hermanos, una sola mujer. Mi abuelo Francisco Parola y mi abuela Adelaida Brunelli vinieron con el comandante Luis Jorge Fontana desde Villa Occidental a Formosa en tiempos de la fundación. Mis abuelos dejaron Italia en busca de mejores oportunidades, se radicaron primero en Villa Occidental y después se trasladaron a lo que ahora es nuestra ciudad. Contaban papá y mis tíos que no había nada y todo estaba por hacerse. Los primeros pobladores nunca escatimaron esfuerzos, sacrificio y ganas de trabajar, y esa es una herencia que debemos cuidar y valorar", resaltó.  

Enrique Parola hizo la primaria en la Escuela 88, que está por la Marcial Rojas. En aquella época se cursaba hasta el sexto grado y su tío abuelo, Carlos Brunelli, era el que alquilaba el edificio donde se dictaban las clases por cuatro pesos mensuales.  

"Eso lo recuerdo muy bien porque éramos nosotros los encargados de llevarle a mi tío el dinero de la renta. Está de demás decir que antes la confianza, la honestidad y el respeto de la palabra empeñada tenían el valor de un documento", comentó a La Mañana.

Trabajó toda su vida activa como empleado de la construcción y lleva más de 60 años como músico popular, por lo que es conocido y reconocido en el ambiente como un "acordeonista de ley".

Don Enrique hace gala de una prodigiosa memoria y sus recuerdos son toda una invitación a viajar por el tiempo hasta aquella colonia sin calles asfaltadas, con una dinámica completamente diferente, donde faltaban las infraestructuras básicas para el desarrollo, pero sobraba la laboriosidad de su gente, el buen trato y el sano compartir.

"Mis hermanos mayores ayudaban en la ladrillería que papá tenía en el predio donde ahora está el Regimiento de Infantería de Monte 29. Ese lote de 500 x 500 le fue expropiado a papá por el Gobierno y después nos instalamos acá en este lugar, sobre la Marcial Rojas casi avenida Laureano Maradona. Como teníamos muchas gallinas y algunas vacas, salíamos a vender huevos caseros y leche en botellas de vidrio perfectamente colocados en bolsas arpilleras con bolsillos que los confeccionaba mamá", contó. 

Luego, sus hermanos ingresaron a trabajar a la empresa de construcción "Del Bianco y Zucchet", y aún siendo adolescente también se incorporó y su primera tarea asignada fue  sacar los clavos de los tablones utilizados en las obras y enderezarlos para volverlos a usar. "Hacía de todo porque era el más joven y el que debía adquirir experiencia. Era el encargado de limpiar los tablones que los albañiles ocupaban y me llamaban donde hacía falta. Hacía las veces de comodín y así pasé a entender todo lo que hay que aprender en una empresa en construcción. Me convertí en albañil, chofer y cuanto había que hacer", expresó. 

Como no había muchos caminos, junto a sus padres y hermanos utilizaban el trazado de las vías del tren para llegar a la estación del ferrocarril y acceder al centro de la incipiente ciudad. 

"Teníamos caminos vecinales angostos y picadas. Los zanjones eran numerosos y era famoso el Puente Zambrini, donde ahora está la Casa de la Solidaridad, por Marcial Rojas. Ese era el camino obligado para hacer las compras en el almacén de ramos generales de Licinio Sanabria, justo en el lugar donde ahora está el Hotel Real. Ahí se encontraba de todo, desde productos alimenticios hasta artículos para el hogar. Llegar a ese almacén era todo un acontecimiento porque uno cuando es niño se sorprende de todo lo que descubre", añadió. 

La música

Su amor por la música nació con él, es una herencia familiar que su padre quiso cortar pero no pudo. "Papá tocaba la guitarra y cantaba la tarantela, pero nunca quiso que nos dediquemos a esa vida. Era su forma de tratar de protegernos porque siempre se dijo que los músicos terminaban siendo cuanto menos alcohólicos. Entonces él alzaba alto su guitarra pero mis primos y hermanos sentían esa pasión por la música al igual que yo", afirmó. 

Cuando cumplió 15 años ya formó el grupo "Trío La Colonia" con sus primos Camilo y Julio Parola. Dos guitarras eran acompañadas con un acordeón de dos hileras, conocido como "verdulera", porque era el típico instrumento que utilizaban los verduleros en Italia para llamar la atención de los clientes. 

El grupo de adolescentes tenía en su repertorio no más de seis canciones y con ese capital ya se animaba a realizar presentaciones en "El Palenque", una peña-bar que estaba en la Galería Orquín, en Belgrano y España. "Nuestra primera actuación allí fue por una contratación del partido político demócrata cristiano. Después del show se acercó un joven y nos preguntó si podíamos acompañarlo a cantar "˜El Moncho"™, de Ramón Ayala. Ese joven al que conocimos esa noche era Saturnino López, un artista con todas las letras que después triunfó en la carrera musical años después", rememoró.

Trío La Colonia duró unos cinco años y actuó en numerosos escenarios de la ciudad, en Riacho de Oro y hasta realizó presentaciones en el interior provincial, mediante los viajes en tren.

Pero como sus primos se trasladaron por razones laborales a otras localidades de Formosa, Enrique Parola decidió formar el "Trío Esperanza", con su hermano Eduardo y su primo Felipe Capra en guitarra y él en acordeón; pero entre 1956 y 1957 tuvo que cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, en tiempos del general Juan Domingo Perón derrocado y con la Revolución Libertadora en el poder.

Luego de su paso por el servicio militar, conformó el grupo "Datil Corá", término guaraní que traducido al castellano significa "Corral de palma", integrado por sus ex compañeros de escuela Angel Avila y Antonio Toledo en guitarra, acompañados por su acordeón Paolo Soprani de dos hileras, adquirido el 6 de febrero de 1957 y que conserva hasta ahora en sus presentaciones, sin haber ingresado nunca a un taller de reparaciones. 

El grupo sigue hasta hoy y, salvo don Enrique, los integrantes fueron pasando y sirvió de cuna de muchos artistas de renombre que difundieron la música norteña en importantes escenarios dentro y fuera de la provincia.

En la actualidad, lo acompañan en guitarra su primo Eduardo "Nene" Capra y Francisco "Titi" Verón, y toda vez que estos tres amantes de la música popular se juntan y comienzan a fluir las melodías, saben que la mística continúa intacta y que el amor por el arte y la actuación lo van a llevar siempre a flor de piel.

"La música me dio muchos amigos y grandes satisfacciones. Gracias a ella actuamos en numerosos escenarios de Paraguay, Corrientes y todo Formosa. En la ciudad capital estuvimos en pistas como "1º de Mayo", que estaba cerca de la Escuela Normal; "El Pajarito" de Juan Cáceres, que estaba cerrado con bolsas de arpillera pintadas de blanco; "Pista Avenida", donde ahora está el Hotel de Turismo; "El Patria", de San Martín y España; "El Cabildo", de Belgrano y España; "Casa Paraguaya"; "El Algarrobito", de Villa Mataca (Villa Lourdes); "El Paraíso", de El Resguardo y "Villa Jardín", del Lote 4", recordó con nostalgia. 

Comentarios

MAS NOTICIAS
Un joven formoseño triunfa en Instagram con su imagen, historias y encuestas sobre la vida diaria
Historias de vida
Se trata de Nelson Maidana, de 22 años. También fue tendencia siete veces en Twitter. Con más de 52 mil seguidores, abraza el sueño de ser la imagen de grandes marcas
“Mini” Bogarín, con iniciativa y voluntad, supo lograr equilibrio entre el estudio, el trabajo y la vida familiar
Historias de vida
Tras 34 años de trabajo ininterrumpido dentro de La Mañana, esta calificada tipeadora y armadora relata cómo se trabajaba en los inicios de este diario, sin computadoras ni Internet
“No es poca cosa decir que trabajo en La Mañana”: el orgullo de estar 37 años trabajando en una empresa
Historias de vida
Justo Adorno y sus compañeros de sección son piezas clave en el proceso de impresión de este diario. Desde hace casi cuatro décadas trabaja en Fotomecánica y fue testigo de la evolución tecnológica de la Editorial