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Ezequiel despierta, cada mañana, soñando con el día en que lleguen sus pulmones

04/11/2013 Ezequiel Lesme tiene diez años y hace casi seis le diagnosticaron hipertensión arterial primaria, una enfermedad que no tiene cura. 

Es formoseño y pasa la mayor parte del tiempo en Buenos Aires, donde es paciente del Hospital Garrahan. Los ingresos al hospital pediátrico, para controles y de urgencia, han sido innumerables en su corta vida. No obstante, la sonrisa de "Eze", como le dicen cariñosamente, contagia ternura, paz y sobre todo tranquilidad. Paradoja de la vida. Porque "Eze" está en lista de urgencia nacional para un trasplante bipulmonar, que no le va devolver la salud definitivamente pero sí la vitalidad física para seguir luchando.

La Mañana quiso compartir estas dos historias de vida, la de un hijo y una madre unidos más allá de la sangre y una lucha, una pelea, que se lleva adelante día a día, y una esperanza siempre viva: la del trasplante.

La fuerza de "Eze" es heredada de su madre, Karina Ledesma, una joven docente formoseña de 28 años, que dedica su vida al cuidado de su hijo. Su fortaleza es enorme y su amor de madre, inconmensurable. "Mi Ezequiel es un niño que donde va, aunque sea por segundos, deja miradas de amor y de asombro. Agradezco tanto a Dios por el gran hijo que me dio. Es compañero, dulce, cariñoso, educado, inteligente" es todo" y es tan valiente, me llena de amor día tras día. Con él no siento miedo, no me siento sola y jamás perdemos las esperanzas", describe Karina a su pequeño héroe.

La gran prueba para esta mamá y su hijo comenzó hace casi seis años, cuando en un control rutinario, "la doctora Coronel nos dice que Eze tenía un soplo en el corazón. Lo llevé al cardiólogo a los cinco años y de ahí a la cardióloga infantil Claudia Mudrik. Lo examinó un jueves. El martes siguiente ya estábamos siendo derivados a Buenos Aires", relata la valiente mujer.

"Su enfermedad no tiene cura. Toma pastillas de altos costos, estando conectado a una bomba en su panza mientras aguarda el trasplante bipulmonar en lista de urgencia nacional. No será su cura, pero le dará calidad y cantidad de vida. Es un niño que quiere vivir y hacer cosas de niños de su edad, como jugar, correr" Ama el fútbol, los deportes en general, bailar todo tipo de música. No puede caminar 200 metros seguidos porque se cansa, quiere ir a la escuela" pero no puede. Tiene maestros domiciliarios que dan todo de sí" y hasta un poco más, pero no compañeros y amigos", sostiene Karina.

Un deseo

Cada día, "Eze" lo vive con intensidad.  Hace unos meses atrás, la psicóloga del Garrahan que atiende a Eze le contó que había una fundación llamada "Make a Wish" que cumplía deseos a los niños que esperan trasplante. Les dio a Karina y a Eze un número de celular y el niño insistió hasta lograr que su madre marcara el número.

Integrantes de la fundación fueron a conocerlo al Garrahan y, tras llenar unas fichas, le  dijeron que pidiera tres deseos, que uno se podría cumplir. Ezequiel pidió primero que llegara pronto su trasplante.  Le explicaron, entonces, que ese deseo no estaba en sus manos poder cumplir, pero que tratarían de satisfacerlo de otra manera para que pudiera divertirse hasta el "gran momento".

A los días, les comunicaron que un  deseo de Ezequiel se cumplió: una notebook para que el niño pudiera estar conectado con su querida Formosa, con sus primos, abuelos y tantos amigos que ha sabido cosechar.

"Quiere donar porque le duele ver chicos de su edad conectados a respiradores y corazones artificiales", reveló la madre.

"Eze nos pidió a mí y a su doctora que si le pasa algo, que donemos sus órganos. El sufre al ver a niños de su edad o más pequeños conectados a respiradores y a corazones artificiales. Es difícil entender el tema de la donación, pero cuando uno lo vive tan de cerca, es diferente y sin dudar lo haría para que otros no sufran como Eze. Porque donar es dar. Los órganos no van al cielo. Ezequiel y muchos niños más quieren seguir con nosotros en la Tierra", manifestó la madre en su desesperado llamado a la solidaridad. 

Relató que hay días más difíciles que otros, como cuando no duermen en toda la noche porque el niño tiene sangrado nasal debido a que la medicación le reseca la nariz y ante una mínima raspadura pierde mucha sangre. Y al día siguiente, extracción, más pruebas y al final, siempre la foto sonriente para demostrar lo valiente que es. "A su edad, ya es un hombre mi valiente", afirmó. 

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